Algeciras vive una noche mágica a bordo de Alba y Manuel Molina

  • La Gramola cuelga el cartel de completo para disfrutar del concierto de padre e hija ante la expectación que conjuga su arte

Como si de Lole y Manuel se tratase, Algeciras vivió en la madrugada del viernes al sábado una clase magistral de talento, arte y genialidad. Era Manuel Molina, con su guitarra claro, pero la compañía era la de Alba, su hija, que sin atisbo de duda derrochó el arte que circula por sus venas. La Gramola disfrutó de una de esas veladas míticas que se agarran al recuerdo, siendo ésta una sala que está devolviendo al público algecireño la ilusión por la música en directo.

Ante una sala colmada de público que esperaba cada frase cargada de entusiasmo y sabiduría de Manuel, se deshacía el desgarro flamenco por la voz calmada y rasgada de Alba. Ella iba con un vestido negro impoluto que casaba perfectamente con la rigurosidad magistral que abordaba con su traje el padre.

El maestro iba hilando los acordes de su guitarra, con la naturaleza que le abandera y le marca con esos brazos abiertos mientras porta el mástil con sutileza. Ella, entre quejíos y la vanguardia del flamenco iba ganando terreno entre un público entregado y enamorado de esta forma familiar y sincera de hacer música, de hacer flamenco.

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