Ecologistas detecta niveles de metales pesados anormales en Matalascañas

  • La presencia de cadmio y plomo es ocho y siete veces mayor que en otros puntos de Doñana · Pide a las consejerías de Salud y Medio Ambiente que tomen medidas

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La presencia de metales pesados altamente contaminantes y peligrosos para la salud en algunas zonas de la playa onubense de Matalascañas es muy superior a la media existente en otros puntos de los parques Nacional y Natural de Doñana. Los análisis realizados por Ecologistas en Acción "en un laboratorio oficial especializado" indican que la concentración de cadmio y plomo es, respectivamente, ocho y siete veces más alta, por lo que ha pedido a la consejerías de Salud y Medio Ambiente información sobre la posible peligrosidad de esta situación.

Ecologistas en Acción tomó en mayo pasado muestras de arena de la playa ante la existencia en ésta de una amplia banda de arena de color gris para cotejarla con otras, recogidas tanto en la zona de baño situada en el Parque Nacional como en las dunas. Los datos reflejan no sólo diferencias anormales en los niveles de cadmio y plomo, sino en los de cobalto, hierro, titanio, cinc y aluminio, aunque este último está más presente en el entorno que en la playa de Matalascañas.

El pasado día 10, el coordinador de Ecologistas en Acción de Andalucía, José Francisco Rodríguez, remitió los resultados de los análisis a los departamentos de la Junta de Andalucía citados con una serie de peticiones, encabezadas por una solicitud de información "sobre las consecuencias que estas cantidades de metales pueden tener sobre el medio ambiente o la salud de las personas" que entren en contacto con la arena.

Según la citada organización, la legislación vigente carece de referencias sobre estos metales pesados como para conocer el grado de peligrosidad de las cantidades detectadas y reclama una revisión al respecto de la normativa. "No queremos generar una alarma innecesaria, pero sí exigimos explicaciones y medidas a las autoridades", afirma Juan Cuesta, responsable de la organización.

En Matalascañas se ha venido atribuyendo la existencia de esa arena negruzca a los efectos de los temporales sobre el acantilado de El Asperillo, que se extiende hasta Mazagón y en el que es visible una banda de turba, pero los análisis de las muestras vienen a desmontar esta teoría. Cuesta apunta a tres causas: la falta de capacidad de la depuradora -que vierte directamente a la playa- para filtrar todos los residuos, la contaminación por la limpieza de sentinas y tanques de combustible de los barcos o, finalmente, vertidos ilegales en el Polo Químico de Huelva, donde se generan residuos que contienen metales pesados.

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