Madrid Games Week

Los videojuegos independientes buscan un hueco en el mercado

  • Un espacio de la feria Madrid Games Week reúne a creadores 'indie' y a editores en busca del 'feeling' que permita llevar a cabo ideas

Dos jóvenes juegan a un videojuego en la Madrid Games Week Dos jóvenes juegan a un videojuego en la Madrid Games Week

Dos jóvenes juegan a un videojuego en la Madrid Games Week / Efe

Hacer un videojuego implica años de trabajo "por amor al arte" y una carrera de fondo plagada de obstáculos, que los desarrolladores de pequeños estudios aguantan con el objetivo de encontrar un inversor que apueste por su proyecto y le ayude a convertirlo en un éxito.

Para ayudarles en esta tarea, la Madrid Games Week, que celebra su segunda jornada, ha reservado un área bautizada Meet and Match (reunirse y encajar) en el que desarrolladores de videojuegos tienen reuniones de media hora con publishers (una figura del sector de los videojuegos parecida a las editoriales de libros) e inversores de compañías.

Durante las dos primeras jornadas de la feria han organizado un total de 277 citas para buscar posibles acuerdos comerciales.

El servicio es gratuito esta edición, pero habitualmente acceder a estas rondas de contactos "tiene un coste", explica a Efe Fedor van Herpen, responsable de la empresa holandesa que gestiona el espacio y que organiza áreas de encuentro parecidas en ferias internacionales de videojuegos.

"Llevamos tiempo en el sector y tenemos una buena red de contactos de inversores y publishers", argumenta.

El barcelonés Xavi Amezqueta, director creativo de Arima (alma en euskera), un videojuego que está en desarrollo y que está ubicado en la zona de expositores indies de la feria, ha mantenido varias de estas reuniones en el área Meet and Match con el objetivo de encontrar un inversor para su proyecto.

Sabe que este tipo de encuentros es fundamental para que el videojuego llegue a buen puerto. Su hermano trabaja en animación y participó en Gris, un videojuego independiente español que verá la luz a final de año y que ha generado mucha expectación internacional por el publisher que lo apoya, Devolver Digital, uno de los más prestigiosos.

Un respaldo de este tipo asegura promoción y distribución en un mercado saturado de novedades como son los videojuegos, sobre todo para un estudio pequeño como el suyo (3D2 Entertainment).

En Arima trabajan otros cinco desarrolladores a tiempo completo y otros tantos a tiempo parcial. Ninguno cobra.

Hace una década, hacer un videojuego desde casa y con un equipo pequeño era "impensable", ahora, la tecnología -los programas o motores gráficos- permiten diseñarlos con pocos medios y se ha democratizado el sector.

Los últimos años están llenos de ejemplos de pequeños estudios que han dado el salto de éxito al gran público y han conseguido medirse con los grandes estudios, que cuentan con millones de euros de presupuesto y cientos de profesionales en cada etapa.

Además de las citas en busca de financiación, las grandes compañías del sector también apoyan a los creadores independientes, conscientes de que cada vez tienen más atención mediática. Microsoft tiene ID@Xbox y Sony organiza cada año PlayStation Talents.

Alejandro Ferrer tiene 16 años y ya puede decir que se dedica a los videojuegos: su proyecto es Falcon Project y lleva trabajando en él tres años. Es uno de los veinte seleccionados para PlayStation Talents de este año -que muestran sus trabajos durante la feria-, y del que saldrá un ganador al que la compañía ayudará a desarrollar su videojuego.

Ni se acuerda de qué edad tenía cuando le regalaron la primera consola -5 ó 6 años- y aunque reconoce que cuando comenzó a programar se aburría "mucho" -es autodidacta-, ha encontrado un programa que le ayuda a hacerlo de manera más visual y ahora le encanta.

"Está siendo un poco difícil compaginarlo con los estudios", pero quiere dedicarse a esto, dice junto a su padre, que le acompaña en la feria.

Alejandro vive en Torrevieja y, al principio, comenzó a trabajar en el proyecto solo, pero encontró en internet otros desarrolladores -y un músico profesional para la banda sonora- que le ayudan.

Están distribuidos por España, Francia, Argentina o México, y trabajan a distancia. Aunque todos son mayores, él se encarga de coordinar el trabajo de todos: "Lo hacen todo por amor al arte, no cobran nada".

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