Historia Taurina La naturalidad de un torero de blanco y oro

  • En España, la fiesta de la vendimia va ligada al toro. En Jerez no iba a ser menos. El tótem de la vieja Iberia es el protagonista de la tauromaquia. Sin toro, el ceremonial es imposible

Traje que llevó Bienvenida en Jerez de la Frontera.

Traje que llevó Bienvenida en Jerez de la Frontera. / Familia Domecq.

Jerez  de la Frontera está de fiesta. Es sábado, 11 de septiembre. La ciudad está radiante, bella, esplendorosa. El sol ilumina aún más el azul del cielo en un verano que vive sus últimos días. En sus calles el bullicio es grande. El viento, de cuando en cuando, trae aromas a sal marina. La mar, o el mar, no esta tan lejos. También huele a uva recién cortada. Es la época de la vendimia. La fruta ha alcanzado su madurez y pronto, a través de vieja alquimia, se convertirá en un elixir, una medicina para elevar el espíritu y el cuerpo. Por eso Jerez de la Frontera celebra un año más su ya tradicional fiesta de la vendimia.

En España, la fiesta va ligada al toro. En Jerez no iba a ser menos. El toro, el tótem de la vieja Iberia, es el protagonista absoluto de la tauromaquia. Sin toro, el ceremonial es imposible. El torero sin toro, queda en la nada. El sostén y vehículo del toreo es el animal. El torero solo es el oficiante de un rito ancestral en la cultura del Mediterráneo. Por eso precisamente, Jerez organiza en estas fiestas septembrinas una corrida en la que el toro es el eje fundamental, quedando el torero en un papel secundario. Desde 1955, el coso de la calle Circo de la ciudad jerezana es el escenario de una corrida donde toros de distintas ganaderías y sangres miden su bravura y casta en reñido concurso ganadero. Diez años más tarde, es una tradición. Jerez se convierte por un día en capital del toreo.

Diez años más tarde la corrida ha levantado gran expectación. En el cartel los dos Antonios, Bienvenida y Ordoñez, quienes llevan una temporada espectacular, habiendo ya triunfado en Jerez en la feria de mayo y en la corrida llamada del Arte, un mes antes. En los corrales, ejemplares de las ganaderías con más vitola de la época. A saber, Atanasio Fernández, Antonio Pérez de San Fernando, Fermín Bohórquez, Carlos Núñez, Antonio Ordoñez, que poseía una ganadería de sangre originaria de Atanasio Fernández, y el sexto y último del marqués de Domecq. Lo más variado del campo bravo de la época. Sangres distintas y dispares, pero en las que se aunaba, presumiblemente, la bravura, la casta y la raza del toro de su época.

El ansiado cartel de “no hay billetes” se ha colgado en las taquillas. La plaza presenta un lleno a rebosar. En los tendidos se ven rostros conocidos de la época. El matador retirado Antonio Márquez y su esposa Concha Piquer. En unas filas más abajo, su yerno, Curro Romero junto a Conchita Márquez Piquer. En el callejón se ve la impresionante figura de Orson Welles, que como no, acude a ver la actuación de Ordoñez. También lo más florido de la crítica taurina, caso de Díaz-Cañabate, quien dejó su testimonio en ABC.

Bienvenida y Ordoñez, Ordoñez y Bienvenida, parten plaza. Blanco inmaculado y oro el terno que luce Bienvenida, rosa y oro el que viste Ordoñez. La suerte está echada. Antonio Ordoñez da una tarde de toros espectacular. Está en un momento álgido de su carrera. Cuaja los toros que le tocan en suerte. Dos orejas con petición de rabo en el segundo, de Antonio Pérez; dos más a la muerte del de Carlos Núñez que hizo cuarto y otras dos al sexto, del marqués de Domecq.

Bienvenida no tuvo suerte con el primero de Atanasio Fernández que se inutilizó para la lidia y estuvo en lidiador con el tercero, que fue bronco y no tuvo entrega durante la faena, a pesar de la maestría de su matador.

Es difícil, cuando las cosas salen adversas, tener la capacidad de superarse. Salió el quinto de la tarde. Pertenece a la ganadería de don Antonio Ordoñez. Es negro, tiene el número 85 en el costillar y atiende por Cubanosito. Antonio Bienvenida lo para, sale suelto del primer capotazo, pero la sapiencia del espada y la bravura del animal se aúnan para escribir una página de oro en la historia del toreo. Lucidos los lances a la verónica de Bienvenida.

Llega la suerte de varas. Hasta seis veces acudió el toro a los montados. Cuatro puyazos en regla y dos con el regatón. Antonio Bienvenida da una lección en quites. Variados todos, mostrando el amplio repertorio que poseía. Llega la hora de la verdad. Muleta y estoque en sus manos, Bienvenida está pleno con el toro.

Pases de todas las marcas, derechazos, naturales, por alto, por bajo, adornos. Toda una muestra de lo que es el toreo. Sin aspavientos, con una inmensa naturalidad, sencillo pero rotundo. ¡Qué difícil equilibrio! “Bienvenida torea como si sus pases fueran destellos de una luz que todo lo inunda de belleza. Su finura se quintaesencia. Su gracejo se magnifica. Su elegancia se ennoblece”, escribió Cañabate. El público exaltado pide la vida del animal.

La presidencia, previo conclave con el jurado, la concede. Cubanosito volverá con vida a Valcargado, allí donde nació. Antonio Bienvenida, salada claridad de blanco y oro, se hace acreedor de la Oreja de Oro.

El público sale satisfecho de la plaza. Hablará del suceso durante días. El paso de los años no ha marchitado lo realizado por Antonio Bienvenida aquella tarde. Hoy, testigo mudo de aquella fecha, un terno blanco y oro recuerda la gesta. La torería hecha naturalidad, esa que jamás pasa de moda.

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