Cultura

Terciopelo, un sobrero de mucho lujo

  • La de El Ventorrillo, la corrida que más ha puntuado de cuantas se llevan jugadas en el abono · Dos toros de buena nota: un tercero casi de carril y un quinto fuera de programa

EL toro de la corrida, es decir, el mejor de todos, se había quedado dentro. De sobrero. Si no es El Cid el torero en turno, seguramente no sale ese sobrero. Pero el quinto natural, astillado tras dos peleas en el peto y, sobre todo, después de cobrar un volatín de los de enterrar los pitones como la conciencia, se puso a renquear. Y tanto que parecía de los de nada se puede hacer y además era imposible. Por eso protestó la gente y por eso cedería el palco.

No se puede en rigor decir que el sobrero desigualara la corrida, porque la corrida no estaba igualada, sino abierta y muy repartida. El Ventorrillo es una ganadería larga para ser tan nueva. Después de haber lidiado, y con éxito, corridas en Sevilla, Madrid, Pamplona y Bilbao, la ganadería ha pasado todas las pruebas posibles de fe. El ganadero largo juega con las camadas con bastante libertad. Pero el sobrero se salía por arriba. Como si fuera toro de Madrid o Pamplona. Daba más peso el sexto. Cinco kilos más, según la tablilla oficial. Pero parecía mucho más toro ese otro que se había quedado dentro. Sin embargo, vistos donde se ven los toros, que es en la arena y en movimiento, era bastante más feo el sexto que el quinto. En jerga de profesionales, lo de feo es tanto como desagradable. No es cuestión de estética sino de compostura o actitud.

Pese a su volumen, y pese a ser de salida muy levantado, el toro galopó sin pensárselo. Estuvo estirado ya en la primera baza, quiso caballo y se empleó. Tal vez se quedara un punto crudo de varas, y esa fue gentil decisión de El Cid, a quien le gustan los toros enteros. Y le van. Los galopes del toro en banderillas y en la muleta tuvieron ese brío sobresaliente que tanto enciende una corrida. La que sea y donde sea.

En la entrega del toro no hubo siquiera esa gota eléctrica que tanto se da en esta ganadería. Sí fueron candentes las embestidas, pero ciertas. Claras, fuertes, potentes. Muy relevante el dato de que el toro no renunciara a pelear de rayas afuera. Es decir, que se diera tanto lejos de tablas y sin reparar en ellas. Pese a su intensidad, no fue ni brusco ni áspero. Para algunos tal vez fuera el tercero el toro de la corrida. Pesaba casi cien kilos menos, estaba mejor rematado que ninguno de los otros. Y por eso se enlotó con el feo de la película. Y luego, a la hora de la verdad, después de galopar en banderillas, metió la cara templadito y por abajo. Y parecía de seda. Terciopelo se llamaba el sobrero. Lavador este otro tan lindo y tan bueno.

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