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La lección de Lautaro

  • Acosta reconoce que, después de un ascenso fulgurante en su corta carrera, el frenazo que le supuso la lesión de tobillo le ha servido para madurar como jugador

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Tener veinte años y ver rodar las cosas como le han ido a Lautaro Acosta en su corta carrera deportiva es una alegría y en estos casos sufrir un revés como el que tuvo la temporada pasada marca bastante. El que fuera uno de los fichajes más esperanzadores del verano pasado casi no se pudo ver por una lesión de tobillo que parecía un simple esguince cuando se lo produjo ante el Stuttgart y que se complicó de manera insospechada, como se descubrió por último, con una calcificación. Recaídas, revisiones, tratamientos, corticoides, un quinesiólogo desplazado desde Argentina... el Laucha pudo regatear al quirófano y ahora parece que está bien y preparado para demostrar porqué Monchi apostó por él.

Pero esta historia le ha servido para curtirlo. Ahora se siente un jugador más maduro, como persona y como futbolista.

"Seguro. De lo bueno y de lo malo hay que aprender. Como decís vos, después de ir bien en Lanús, luego con la selección, venir a Europa... y ahora de golpe un encontronazo tan fuerte como éste... a uno lo hace concienciar de que en el fútbol no son todo alegrías y que hay que estar preparado para las frustaciones y hay que estar más fuerte que nunca cuando vienen las cosas malas". El relato de Acosta empieza en las calles de Buenos Aires, "en una ciudad que se llama Gleu". Allí, como todos los niños en Argentina, jugaba en la calle con cuatro o cinco años: "A los ocho o nueve ingresé en Lanús por medio de unos dirigentes y ahí hice todo, primero los infantiles, luego, como decimos nosotros, los amateurs, que son como los juveniles aquí... Gracias a Dios a los 17 años debuté en Primera y de ahí fue todo para arriba, selección sub 20, salir campeón con Lanús, llegar acá, las Olimpiadas (sic)... me fueron las cosas bien y muy rápido. Por eso una cosa como ésta te marca. Ha sido casi toda una temporada por una lesión que al principio parecía una tontería, una simple torcedura de tobillo. Es fuerte, pero ahí es cuando hay que ver a los hombres".

De todas formas, no todo son malos recuerdos para el futbolista argentino. Se le recuerda su irrupción en la ida de las semifinales de Copa ante el Athletic, cuando mandaba en el marcador el gol de Llorente y salió para revolucionar el duelo y anotar un gol que marcó la remontada. Después, tras lo de San Mamés, no sirvió para nada. "Acababa de recuperarme, me dolía un poco el tobillo, pero me pude tomar algunos voltarén y jugar. El equipo lo necesitaba, estaba recién saliendo y gracias a Dios se me dio. Se pudo dar la vuelta al resultado y ese partido me marcó mucho. Se vieron un poco las características de mi juego y me sirvió para ofrecer una pincelada de lo que puedo dar. Puedo dar muchísimo más, pero fue una pequeña muestra", señala.

Ahora empieza de cero aunque consciente de que tiene a muchos grandes futbolistas que juegan en su puesto, empezando por Kanoute y Luis Fabiano, palabras mayores. "Sí, tanto como extremo o como punta sé que es difícil hacerse un puesto. Hay mucha competencia pero por algo el Sevilla está donde está, en Champions y siendo uno de los equipos más grandes del mundo. Es lo normal para un equipo que quiere apuntar alto". En muchos foros se le compara con Alfaro, quien vuelve con fuerza, pero no desea ese tipo de etiquetas. "Somos distintos, pero yo no pienso en eso. Hay muchos delanteros aquí y la competencia va a ser con todos. Con los extremos también. Yo, más allá de los nombres, vengo a ganarme un puesto".

Tampoco le gusta que le recuerden el precio que el Sevilla pagó por él, nueve millones de euros. A diferencia de Kone, que sí se siente responsabilizado por ser el fichaje más caro de la historia del club, Acosta se tapa los oídos con eso.

"Eso no corre por cuenta mía. El Sevilla acordó eso con Lanús y yo tengo que hacer mi juego. No tengo ninguna presión por la plata y no tengo que jugar acorde a ningún precio. Tengo que hacer el fútbol que hice siempre, que es lo que me va a dar el nombre y el reconocimiento", zanja con firmeza. Eso sí, recalca que tiene "una cuenta pendiente con la afición" por lo que le apoyó en los momentos malos.

Se pasea por el hotel de concentración en compañía casi siempre sus compatriotas formando esa colonia argentina que ayer se incrementó con Perotti. Acosta se encuentra como en casa. "Están Fazio, Emi (Armenteros), Perotti, Duscher... eso es bueno, te hace sentir cómodo y más allá de ser grandes personas, tienen calidad y van a ser muy importantes para el equipo. Y Trecarichi también. Él está empezando, es joven y es bueno que se haya mostrado en el campeonato de Toloun".

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