Humildad y Paciencia

La lluvia trunca el desfile del centenario Cristo de la Caña

  • La hermandad decide volver tras realizar la salida para preservar las imágenes

Lágrimas en el Martes Santo sanroqueño. La lluvia obligó anoche a suspender el desfile procesional del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de la Esperanza cuando las imágenes apenas habían salido a la calle.

No pudo ser. Tanto el Cristo como la cotitular de la hermandad tuvieron que desandar el poco camino que habían hecho pese a la decisión inicial de salir a la calle. Minutos antes de las diez de la noche, hora prevista para el inicio del desfile, comenzó a caer una fina pero persistente lluvia sobre la localidad donde reside la de Gibraltar. Precisamente ese hecho, el que la talla del Cristo proceda de Gibraltar y, por tanto, sume más de 300 años, suponía una necesidad de cautela añadida a las precauciones que toman todas las hermandades en cuanto a la meteorología.

Hubo un intento. Casi cuando comenzaba a cundir el desánimo entre los vecinos agolpados en la Plaza de la Iglesia, frente al atrio de La Coronada, se abrieron de par en par las puertas del templo dando paso a la cruz de guía. Pasaban, exactamente, diez minutos sobre las diez de la noche. El hermano mayor, Juan Antonio Quirós, había decidido salir a la calle con un itinerario acortado si bien veinte minutos después tuvo que adoptar la siempre difícil decisión contraria.

Tanto el Cristo como la Virgen realizaron con limpieza la compleja maniobra de bajar la rampa desde el atrio hasta el nivel de la calle adoquinada. "Despacio", imploraba el capataz del Cristo a los cargadores que contaban con una dificultad añadida a la pendiente: la humedad del suelo. Los aplausos de los allí congregados sirvieron como acicate entre los sones de la banda Pasión de Jerez, habitual acompañante de este cortejo.

Sobre las diez y cuarto, el Cristo moreno, con su gesto grave y serio y apoyado sobre una columna sosteniendo la caña que le da su sobrenombre popular, ya estaba en la calle. Y, como novedad, en lugar del flores el Cristo lucía un suelo de piedras en lugar del tradicional manto de flores. Sólo unos discretos detalles florales en morado en la base de la columna acompañaban al Cristo.

La Virgen siguió instantes después sus pasos con idéntico buen hacer por parte de la cuadrilla de cargadoras, quienes no podían ocultar la emoción y el esfuerzo de cargar con la imagen. Los acordes del himno nacional recibieron en la noche a la Virgen sanroqueña que se asomó al atrio con toda la candelería aún encendida pese al llanto del cielo y el viento conformando una imagen bellísima. Los fieles y devotos también la recibieron con vítores mientras que el Cristo esperaba en la plaza para iniciar juntos el recorrido por la noche sanroqueña.

Sin embargo, sobre las once menos veinte la fina lluvia no cesaba y amenazaba incluso con incrementar su intensidad, por lo que se adoptó la decisión de volver. Para aquel entonces incluso se había dispuesto ya un itinerario acortado.

En menos de una hora ambas imágenes retornaron a la nave central de La Coronada. Varios penitentes y fieles ahogaron su pena en lágrimas aunque, cabía, no obstante, la esperanza en la procesión Magna del Santo Entierro del Viernes Santo, fecha para la que la meteorología se prevé más benévola. Tocará esperar pacientemente.

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