Semana Santa

Tarde de Dolores en San Roque

  • La celebración de los Vía Crucis en Campamento y el casco marcan el Viernes de Dolores sanroqueño

El Vía Crucis que se celebró en Campamento El Vía Crucis que se celebró en Campamento

El Vía Crucis que se celebró en Campamento / E. S.

El Viernes de Dolores en San Roque ha dejado estampas únicas y peculiares, centradas en dos Vía Crucis. Las parroquias de Campamento y Santa María La Coronada, en el casco, han acogido los últimos actos de una cuaresma abocada a desembocar en los días de la pasión de Jesucristo.

El cortejo desde la parroquia de la Inmaculada del crucificado realizado por Luis Ortega Bru en 1955 salió a las 19:00. La imagen es una obra de imaginería que destaca por su majestuosidad y una gran personalidad.

Numerosos vecinos han arropado a la imagen durante su recorrido. Incluso, el transcurso de las catorce estaciones dejó increíbles estampas, como el paso del cristo por la carretera nacional con el Peñón de fondo. El Vía Crucis recorrió las calles Real, Benalife, Paseo Las Palmeras, Marina, Nueva, Aurora, General Casalduero, Obispo, cruce de la calle Real hacia las calles Padre Torrecillas, Jesus del Real Horta, Real y volvió a su templo.

Desde la parroquia de Santa María La Coronada, el consejo local ha celebrado su tradicional Vía Crucis oficial. El acto piadoso ha estado presidido, al igual que en ediciones anteriores, por el Cristo de la Vera-Cruz.

La salida de esta antiquísima talla se produjo a las 21:00. Los devotos siguieron al unísono todas las estaciones y la imagen fue portada por hombres de trono en unas sencillas andas.

El recorrido fue el siguiente: parroquia Santa María la Coronada, Plaza de la Iglesia, Plaza de Armas, Castillo, Siglo XX, Los Cañones, Médico Augusto Alcaide, Francisco Tubino, Montesinos, Siglo XX, Plaza de la Iglesia, Rubín de Celis, San Nicolás, La Paz, Plaza Espartero, Vallecillo Luján, Santa Bárbara, Colón, Los Reyes, Almoraima, San Felipe, Plaza de la Iglesia y vuelta a la Parroquia.

Esta imagen cristífera cuenta con un gran arraigo, pues siempre era la imagen que desfilaba en procesión de rogativas cuando existía una época de sequía.

La luz de la noche y la estrechez de las calles invitaron al rezo colectivo, produciéndose la recogida del cortejo minutos antes de la madrugada. La espera ha tocado a su fin, y la Semana Mayor sanroqueña no ha hecho más que empezar.

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