Viernes santo · cristo del mar en la línea

La Atunara arropa a su Cristo a la vera de la playa de Levante

  • La salida congrega a cientos de personas para rendir sus respetos a la imagen del crucificado

El sol de la tarde animaba a estar en la calle. Un sol que en las barriadas de pescadores como la humilde y trabajadora zona de La Atunara concede a las cosas un color distinto. Más brillante. Más cálido. Quizás era porque en apenas unos minutos salía el Cristo del Mar, al que los hombres de manos ásperas curtidas por la mar y el roce de las redes se encomiendan para ganar su protección.

En la coqueta plazuela que da acceso al templo, justo en la misma playa de Levante, cientos de personas esperaban desde hacía rato para no perder detalle del desfile. Mujeres con niños, grupos de jóvenes y ancianas madres de pescadores que, sentadas en la balaustrada del paseo marítimo, hacían tiempo comiendo pipas y caramelos. Uno de los cargadores, en la misma orilla, se santiguó tras meter su mano en el agua y, al momento, se perdió entre la muchedumbre.

A las seis menos cuarto, las puertas de la segunda iglesia erigida en la localidad, justamente para dar servicio eclesiástico a las gentes de la barriada de La Atunara en la década de los cuarenta, se abrieron de par en par. La Cruz de Guía avanzó entonces hasta el paseo marítimo mientras que la cuadrilla cumplió con la primera de las paradas del Cristo, la más emotiva de todas, la que se hace frente al Mediterráneo. Allí, encarado frente a la marejadilla, permaneció unos minutos mientras que los fieles y devotos daban muestras de su fe, mientras tocaban la madera de las andas para encomendarse a la imagen.

Justo después de la salida, muchas personas salieron prácticamente a la carrera hasta alcanzar la zona del hospital, en la avenida Menéndez Pelayo, cuya escalinata de acceso se convierte cada año en una especie de tribuna improvisada. La imagen del crucificado, sobre un monte de lirios morados, llegó allí a las siete y permaneció durante casi media hora para dar margen a la salida procesional del Cristo del Amor y María Santísima de la Esperanza que se producía a pocos metros.

El Cristo del Mar desfiló con el acompañamiento de la Agrupación Musical Cristo Rey de Badajoz, que sonó con maestría durante el largo recorrido de más de siete horas hasta alcanzar primero el centro para discurrir por la carrera oficial y, después, para volver al barrio ya de madrugada. Para el momento de la recogida la luz reflejada en el mar era la de la luna. Pero también lo hacía de forma diferente. Por eso era Viernes Santo.

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