Salud

El diagnóstico temprano refuerza la libertad del paciente para decidir sobre su propio caso

  • El incremento de la prevalencia por razones demográficas saca a la luz nuevos desafíos éticos

No hay cura para el alzhéimer ni el párkinson, pero sí existen herramientas farmacológicas y técnicas diagnósticas que permiten a quienes padecen estas enfermedades neurodegenerativas afrontar la situación con dignidad y calidad de vida. El diagnóstico temprano y la excelencia asistencial no sólo conllevan mejoras clínicas: refuerzan, además, la libertad de decisión de los pacientes.

"Diagnosticar el alzhéimer en sus fases más tempranas ayuda a preveer la situación a largo plazo. Hay que tener en cuenta que este tipo de enfermedades son muy largas. Que el paciente sea consciente de la situación cuando aún el deterioro neurológico es manejable ayuda que esa persona mantenga su libertad, anticipándose a decidir quién y cómo le va a cuidar en el futuro, si querrá o no una sonda nasogástrica cuando llegue el momento de las fases finales de la enfermedad". Ése es el punto de vista de Pablo Martínez-Lage, neurólogo de la Fundación CITA-Alzheimer de San Sebastián. Y, en esa línea argumental coincidieron con él durante un seminario sobre patologías neurodegenerativas, organizado por Lundbeck y celebrado recientemente en la localidad barcelonesa de Sitges, otros neurólogos: Jorge Matías-Guiu, del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, y Javier Pagonabarraga, del Hospital de Sant Pau de Barcelona.

Para Matías-Guiu, la reivindicación de la "función social" del neurólogo en estos ámbitos clínciso es esencial: "Estos pacientes son distintos, se ven rodeados por los mitos y miedos que circulan sobre estas patologías. Hay que tener en cuenta -en opinión de este experto- que la demencia supone el 49% de las situaciones de dependencia y eso significa que hay que hacer las cosas bien. Hay que homologar los centros de día para pacientes, por que es muy fácil colocar un cartel. Y hay que estar atentos a esas situaciones, cuando se den, en las que haya un uso desproporcionado de neurolépticos para tener tranquilas a las personas. En este aspecto, el conocimiento técnico del neurólogo es fundamental".

Pagonabarraga, experto en párkinson, recordó que un 13,5% de las personas con este trastorno tienen problemas de control de impulsos. "A veces está relacionado con la medicación, con el uso de agonistas dopaminérgicos. Pero no siempre al retirar la medicación se reduce la ludopatía o la hipersexualidad. Ser conscientes en el entorno familiar y asistencial de que los pacientes pueden pasar por esto es importante, ayuda a comprender". "Hay casos tremendos, en los que la apatía puede llevar a decir: ya no quiero a mis nietos. Y en los que la visión de la vida, el grado desatisfacción vital, tiene que ver con la medicación y ésta puede ayudar mucho. Son pacientes que dicen que por las mañanas son mejores personas gracias a la medicacióny que por la tarde, al acabar el efecto, se dicen huraños". Para Pagonabarraga, "hay que saber manejar todo esto con respeto a la dignidad de cada persona".

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