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La larga espera del Bicentenario

  • La crisis económica ha afectado de lleno a la organización de los actos del Doce reduciendo su presupuesto, a lo que se le ha unido en estos años numerosos cambios en el equipo directivo del Consorcio

En apenas cuatro años la Comisión Nacional del Bicentenario ha contado con hasta tres presidentes: María Teresa Fernández de la Vega, Alfredo Pérez Rubalcaba y Manuel Chaves, y todo hace prever que tras las elecciones del próximo día 20 se le añadirá un cuarto nombre. Tal festival de cambios es el claro ejemplo de la ausencia de un rumbo claro al frente de la organización estatal de los actos del Bicentenario de la Constitución de 1812. Todo, o casi todo, ha ido a trompicones con periodos de mayor o menor actividad y agilidad en la gestión dependiendo de las buenas o malas relaciones existentes entre quienes estaban al frente de la Comisión y sobre todo del Consorcio y el Ayuntamiento de Cádiz, la otra gran pata en la organización de este evento.

La buena sintonía entre las dos instituciones en los últimos meses ha permitido cerrar un programa de actividades de cierto calado que se iniciará a principios del próximo año y que se concentrará especialmente en el periodo comprendido entre los meses de marzo y octubre, cuando se desarrolle en Cádiz la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.

No obstante, por lo que respecta al Gobierno central, cuya gestión respecto al Bicentenario aquí se analiza, ha sido evidente la falta de financiación tanto en lo que respecta a actividades culturales como en la puesta en marcha de equipamientos.

Los millones públicos que llegaron en tiempo y forma a los grandes acontecimiento nacionales celebrados en los últimos años en Sevilla, Barcelona, Valencia o Zaragoza se han quedado en apenas migajas en todo lo referido a la conmemoración del aniversario de la que fue la primera Constitución en España. No ha habido dinero ni para financiar la que iba a ser la principal exposición para este año, que iba a suponer un recorrido por el Cádiz de 1812. Y no hay dinero para completar una programación que se mantiene en el aire pendiente de contar con fondos extras. Hasta ahora todo se está financiando gracias al patrocinio privado. Y la crisis económica no anima a las empresas a poner dinero para este tipo de eventos.

El mismo recorte lo han sufrido las inversiones que estaban en manos del Estado. Proyectos como el puente de La Pepa o el Hospital Regional si bien no afectan de lleno a la celebración sí iban a trasladar al visitantes una imagen de ciudad moderna y en pleno desarrollo. Peor le ha ido a una de las infraestructurales esenciales para la conmemoración: el castillo de San Sebastián. El proyecto de reforma integral, en manos del Ministerio de Medio Ambiente, tenía como objetivo convertir la antigua fortificación en el epicentro de la celebración, con salas de exposiciones, un auditorio cerrado y otro al aire libre y espacio para acoger los pabellones que se iban a traer los países iberoamericano y las comunidades autónomas.

De todo ello sólo ha salido adelante la recuperación de las casamatas. Para el resto, el dinero se acabó demasiado pronto. De los algo más de 40 millones presupuestados apenas se invertirán finalmente una cuarta parte frente a la modélica restauración del Oratorio por parte de la Junta. Así, al Estado, salvo que cambie a partir del 20 de noviembre, le va a salir muy barato la conmemoración de la Constitución de 1812.

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