Enfoque de domingo | Falta de médicos Ni aunque bajara Dios de los cielos...

  • La mala utilización y el abuso de los servicios por los pacientes incrementan la carga de trabajo de los sanitarios, indignados por la "falta de respeto"

Ilustración: Miguel Guillén Ilustración: Miguel Guillén

Ilustración: Miguel Guillén

Un chiste corre entre los médicos: Esto era Dios que estaba en su cielo, preocupado por su apartamiento de siglos de la realidad de la Tierra. Y quiso bajar al mundo terrenal para conocer las cuitas de sus criaturas favoritas, los humanos. Sus ángeles le contaron que una de las profesiones que peor lo estaba pasando era la médica. Entonces el ser supremo decidió hacerse carne en un facultativo de atención primaria. Sentado en su consulta mandó pasar al primer paciente: un señor en silla de ruedas, paralítico desde hacía muchos años. “No hace falta que me cuentes lo que te pasa -dijo Dios al hombre-, lo veo claramente. ¡Levántate y anda!”. El impedido dudó un momento, pero tuvo fe y se incorporó, tras de lo cual comenzó a andar con toda normalidad, y así salió de la consulta. Al cerrar la puerta, los que esperaban fuera le preguntaron: 

-“¿Qué tal el médico nuevo?”-

“¡Muy mal. Ni me ha mirado!” contestó el paciente.

Este chiste, con la exageración propia de la caricatura, ilustra según muchos médicos su relación menos deseable con los pacientes. De manera más realista, y con menos humor, relatan los profesionales numerosos casos cotidianos de lo que ellos consideran mala utilización, cuando no directamente abusos, que hacen muy difícil conseguir una atención adecuada. No creen que esto sea  la causa única, pero sí una parte importante de la sobresaturación de consultas y urgencias ya golpeadas por la escasez de personal.

A las cuatro de la mañana de un día cualquiera, una joven de 32 años llega entre expresiones de pena a las urgencias de un centro de salud de la provincia. La grave indisposición que le hace recurrir a ese servicio y a esa hora es un dolor de garganta. Otro día, en otro centro de salud, una madre y una hija acuden a la consulta por un motivo que parece tener pocas implicaciones médicas: la más joven está triste porque ha roto con su novio, y acude con su progenitora a buscar un remedio a su tristeza. “No es extraño que alguien quiera ser atendido de manera urgente por una dolencia que le viene molestando desde cinco días antes ¡eso no es una urgencia!”, cuenta otra doctora de la Bahía, indignada también por los frecuentes casos de gente que no acude a citas programadas, o “que llama a una ambulancia por una infección de orina”.

Son casos así, adobados en algunos con desgraciados, y no tan poco frecuentes, casos de “falta de respeto, amenazas y agresiones” con  los que contribuyen en buena manera a la masificación y malestar en la profesión, y han llevado incluso a que entre los médicos se haya creado un hagstag en Twitter bajo el nombre de 'abusuarios'.

Se quejan muchos profesionales de esta situación, y creen que para remediarla habría que hacer una acción a varias bandas, que incluyera la educación de la sociedad al mismo tiempo que la intervención de las autoridades para acotar esta hiperutilización del sistema sanitario público. Eso es lo que propugna Fernando Ramírez, portavoz de la recién creada plataforma 'Basta Ya' en la provincia de Cádiz: “El lema 'Demora cero' ha sido nefasto en este sentido”, afirma: “Esta norma exige que cualquier paciente que llegue a un centro sanitario y que invoque la palabra 'urgente' tenga que ser atendido sin demora, y sin que haya ningún filtro para saber si realmente la dolencia que trae es urgente”.

Propone Ramírez la instalación de una especie de triaje en las urgencias “como en los hospitales y en algunos centros de salud de otras comunidades. Cantabria lo va a implantar de manera obligatoria a partir de abril”. En cambio, en hospitales de aquí, cuenta incrédulo, “se habla de crear las llamadas 'consultas de banales', para casos en los que simplemente se atenderá para calmar la inquietud y exigencias desmesuradas de la gente, sobre todo de padres, pero en situaciones que realmente no requieren ninguna intervención médica”.

Otros profesionales son menos delicados en este asunto, e invocan una medida que arrastra el calificativo de tabú: el copago. No es fácil que se pronuncien los políticos sobre esto, pero tampoco lo es que lo hagan los médicos. Por eso extraña la claridad con la que habla Luis Miguel Torres, jefe del servicio de Anestesia en el Hospital Puerta del Mar: “No hay muchas salidas para sostener el sistema público: o se suben los impuestos o paga la gente por algunos actos médicos. Y yo no estoy en contra de alguna forma de copago porque muchos abusan del sistema. No veo mal una pequeña cantidad en Atención Primaria, en urgencias o en pequeñas cirugías. Y si alguno protestara siempre se le puede decir: '¡Pero si este señor te está salvando la vida!' Gratis no puede ser, y yo creo que esto se puede contar a la gente con sinceridad. Aunque eso es lo difícil para un político... Y yo creo que este tema de la sanidad, como el de la educación y otros, habría que sacarlo del terreno del partidismo”.

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