sucesos

Objetivo: 'El Ojos'

  • La última agresión sufrida en la prisión de Zuera por Ismael López da la razón a su defensa cuando solicitó el cambio de prisión por sentirse amenazado

  • Otro recluso le propinó una cuchillada de siete centímetros

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Objetivo: 'El Ojos'

A Ismael López El Ojos le acompaña una leyenda de maldad forjada a sangre y metal a lo largo de años. En su camino ha ido dejando un reguero de dolor que ahora lo ha colocado en el centro de la diana. Porque desde que El Ojos y su banda acabaran de la peor manera posible con la vida de El Pelón, un supuesto narco chiclanero que habría aprendido de los maestros barbateños el arte de los busquimanos, se le puso precio a su cabeza. Algunos hablan de 60.000 euros por acabar con la vida del madrileño, del Terror de Vallecas, otros incluso superan con creces esa cifra. El caso es que el pasado fin de semana El Ojos ha vuelto a ser herido de gravedad por otro preso en la cárcel de Zuera, en Zaragoza. En repetidas ocasiones, la defensa de El Ojos ha pedido su traslado de diferentes cárceles aduciendo las amenazas vertidas contra su cliente, tanto dentro como fuera de los centros penitenciarios, pero ni siquiera la lejanía con la provincia cuya Audiencia le condenó a 63 años y dos meses de prisión por el secuestro, asesinato y tortura de David Muñoz, alias El Pelón, parece haberle puesto a salvo. Su fama le precede.

Ismael López fue atacado con un cuchillo por otro recluso que le causó una herida de siete centímetros, lo que obligó a su traslado al hospital Miguel Servet de la capital maña, donde quedó ingresado en el módulo de seguridad, ya que los primeros médicos que le atendieron llegaron a temer por su vida.

La Audiencia de Cádiz lo condenó a 63 años y dos meses por el asesinato de 'El Pelón'

La actual no es la primera condena por un delito de sangre que cumple El Ojos. Cuentan que hace años mató a un joven sólo por mirar a su novia en una discoteca madrileña, y que a los pocos días de abandonar la cárcel volvió a las andadas. Los agentes de la Guardia Civil que le detuvieron hablan de una persona fría, cruel, con capacidad de liderazgo, inteligente, y que, simplemente, eligió vivir en el lado oscuro. La operación que acabó con su detención se recuerda como una de las operaciones más complicadas. Tanto la Benemérita como la Policía Nacional se coordinaron para llevar a cabo los registros en diferentes provincias, en una noche en la que se dejó claro que quienes entraran a por él se estaba jugando el pellejo.

Cuatro días antes de caer, la banda de El Ojos sembró el pánico en un conocido club de alterne de El Puerto de Santa María en el que cuatro miembros de la organización golpearon y amenazaron de muerte con una pistola a un cliente.

Guardia Civil y Policía Nacional llevaban dos meses siguiendo sus movimientos después de la aparición del cadáver de El Pelón en una zona cercana al hospital de Puerto Real. A pesar de que El Ojos confesó a los agentes que le detuvieron en su casa madrileña de Buitrago de Lozoya que era consciente de que seguían sus pasos, hasta última hora dejó su huella en la provincia. En este club de alterne portuense, tras una trifulca con un cliente que preguntó si una de las integrantes de la banda estaba en el catálogo y al que golpeó con la culata de su pistola repetidamente, encañonó a los presentes mientras sus compañeros lo jaleaban: "Mátalos, mátalos", cuentan que decían a su líder.

Tras ser detenido en Madrid, Ismael López fue traído a Cádiz, y aceptó con resignación su detención. "Habéis ganado y yo he perdido. Sabía que me seguíais", cuentan que comentó una vez que los agentes consiguieron reducirlo. A El Ojos le constan otras 14 detenciones por delitos de robo con fuerza, homicidio doloso, tentativa de homicidio y lesiones. En el momento de ser detenido, en octubre de 2014, pesaban sobre él dos órdenes de detención e ingreso en prisión dictados por la sección 23 de la Audiencia Provincial y Juzgado de Vigilancia Penitenciaria número 1 de Madrid, y estaba en paradero desconocido desde noviembre de 2013.

A El Pelón lo mató tras tener conocimiento de un supuesto botín de 400.000 euros. Tras horas de tortura y un infructuoso asalto a un chalet de Sanlúcar en cuyo jardín se suponía que estaban escondido todos sus esfuerzos resultaron baldíos. Ahora son otros los que codician unos miles de euros, los miles de euros en los que se ha tasado su vida.

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