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Tribuna

Manuel J. Lombardo

Crítico de cine

La noche (oscura) del cine español

El ocaso anunciado de 'Historia de nuestro cine' supone una lamentable pérdida para una televisión que no debiera olvidar nunca su función de servicio público

La noche (oscura) del cine español La noche (oscura) del cine español

La noche (oscura) del cine español / rosell

El cine español no parece haber salido bien parado tras el último, esperado y algo revanchista vaivén de cargos, programas y presentadores realizado en RTVE tras la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno. Esta semana se anunciaba desde el ente público que el programa Historia de nuestro cine, en antena desde mayo de 2015 y con más de 800 emisiones a sus espaldas, pasará a ser de periodicidad semanal y no diaria (de lunes a viernes) como hasta ahora, a lo que se suma su próximo fin en marzo de 2019, fecha ya prevista en la que, al parecer, se completan las cerca de 1.000 películas exhibidas gracias al contrato exclusivo (13,5 millones de euros, a razón de 15.000 euros por título) con Enrique Cerezo (a través de su empresa Video Mercury) y José Frade, el primero propietario según algunas estimaciones de los derechos de emisión y explotación de más del 80% del cine nacional que se conserva.

La noticia confirma el paulatino desprecio de la televisión pública por el cine histórico, quién sabe si, en el caso español, como respuesta a un ridículo prejuicio ideológico que lo asocia al franquismo, y pone además sobre la mesa algunas cuestiones de interés que deberían ser objeto de debate o acción política: por ejemplo, que buena parte de los derechos de nuestro patrimonio cinematográfico estén en manos exclusivamente privadas, y no precisamente en las que ofrecen mejores garantías. Según apuntan algunas informaciones, Cerezo se ha ido haciendo a lo largo de los años con este gran bloque de títulos (se estima que son cerca de 7.000, incluyendo también los de la major norteamericana RKO y numeroso cine italiano), muchos de ellos procedentes de compañías y productores míticos como Cifesa, Suevia, Chamartín, Pedro Masó, Lola Films, Aurum o Elías Querejeta, aprovechando las crisis o los problemas económicos de muchas de ellas, comprando por lotes a precios muy bajos y renegociando luego su valor con las televisiones o las empresas editoras de DVD o bluray (también hoy en horas bajísimas de facturación) bajo el argumento de un servicio de recuperación del legado histórico de nuestro cine que, por supuesto, no ha pasado por las pertinentes manos expertas (que deberían depender de Filmoteca Española) a la hora de controlar los estándares relativos a procesos de restauración, formatos, versiones, calidades o mejoras de las copias existentes.

Así, el ocaso anunciado de Historia de nuestro cine, un programa con sus más y sus menos, tal vez algo anticuado en su formato pero indudablemente importante y único en su labor divulgativa, supone una lamentable pérdida para una televisión que no debiera olvidar nunca su función de servicio público no necesariamente atado a los índices de audiencia, que por otro lado han caído a mínimos históricos en todas las cadenas generalistas.

Como ya ocurriera en plena Transición con la mítica serie Memorias del cine español, dirigida por Diego Galán, en los años ochenta con La noche del cine español, dirigida por Fernando Méndez-Leite, o más recientemente con el popular programa Qué grande es el cine, conducido bajo el humo por José Luis Garci y abierto al cine internacional, la televisión pública pierde un nuevo y privilegiado escaparate para dar a conocer la historia del cine español desde una perspectiva popular y amena, con cabida para algunos de sus protagonistas y también para los especialistas, críticos o investigadores que, en mayor o menor medida, con mayor o menor variedad de enfoques, métodos y rostros, han contribuido a mantener viva o recuperar la memoria de una cinematografía heterogénea y de gran valor estético, sociológico y cultural que tiene cada vez más dificultades para ser apreciada en su justa medida, calidad y diversidad por los españoles.

Si las nuevas ventanas y plataformas digitales han abandonado paulatinamente el cine de épocas pasadas, ya sea clásico o moderno, español o extranjero, en su carrera imparable por los nuevos contenidos en continuo reciclaje, apenas le queda ya a la televisión pública esa labor de preservación, conservación y difusión sin la cual es muy difícil crear una verdadera memoria colectiva sobre nuestra historia contemporánea y sus producciones artísticas y audiovisuales.

Parafraseando una vez más a Godard, si el cine es recuerdo y la televisión es olvido, una televisión sin cine se nos antoja ya una auténtica tragedia.

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