Tribuna

Antonio Díaz

Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cádiz

Confiar en los invisibles espías

La necesidad de que los espías hagan su trabajo en secreto no significa que no rindan cuentas y que puedan vulnerar la ley

Confiar en los invisibles espías Confiar en los invisibles espías

Confiar en los invisibles espías / rosell

Cuando en 1929 Henry Stimson clausuró la oficina de criptoanálisis del Departamento de Estado norteamericano tenía claro el motivo: "Los caballeros no leen los correos de otras personas". El problema es que el espionaje existe tanto por necesidad como por reciprocidad, venga este del norte o del sur. Los espías son necesarios porque los Estados sufren amenazas sistémicas; esto es, amenazas tan graves que pueden poner en riesgo el cómo esa comunidad se organiza social y políticamente. El nombre más hermoso que conozco de un servicio de inteligencia es el del servicio de inteligencia alemán, Bundesamt für Verfassungsschutz, que, en lengua de Cervantes, significa: Oficina Federal para la Protección de la Constitución. Porque en la Constitución se recoge lo más sagrado de una comunidad: sus libertades, sus instituciones y las reglas del juego democrático. Eso es a lo que están dedicados los servicios de inteligencia: a proteger la Constitución como norma básica que garantiza nuestras libertades y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Para esa importante misión, los espías pueden utilizar métodos y tecnologías que solo ellos están autorizados a emplear. La necesidad de que lo hagan en secreto no significa que no rindan cuentas y que puedan vulnerar la ley; simplemente que deben hacerlo de otra manera para proteger su operatividad. Los acontecimientos que ha desencadenado 'Pegasus' contienen elementos políticos y elementos de inteligencia porque, la información es poder, y la política es el ejercicio del poder. La clave es el papel que quieran hacerle jugar a los espías en esta ecuación.

La gestión de un servicio de inteligencia es tremendamente compleja para cualquier Estado debido a sus peculiaridades. Una de ellas es que los servicios de inteligencia no pueden vender sus éxitos sin quebrar su operatividad; sin embargo, muchos de sus grandes fracasos sí son visibles para toda la población. A cambio, tienen más cerca que nadie al presidente del Gobierno, a quien pueden explicarle sus éxitos al tiempo que solicitarle más medios y más poderes. Pero el resto de la población desconoce qué hacen sus espías.

Las agencias de inteligencia no comparten con otros organismos estatales aquellos elementos que hacen que un ciudadano pueda confiar en ellos; es más, no sabemos qué hacen ni cómo lo hacen, no sabemos ni dónde están, ni tampoco si uno de nuestros vecinos de edificio es un agente de inteligencia... Por esos motivos son casi inexistentes los estudios sobre cuánto confían los ciudadanos en sus servicios de inteligencia. Los datos de nuestras investigaciones sobre universitarios españoles sí muestran que estos confían en el CNI más que en ninguna otra institución de seguridad del país. La explicación está en cinco motivos: consideran que realizan adecuadamente sus misiones de garantizar la seguridad nacional y protegernos del terrorismo, así como que actúan dentro de la ley, sin objetivos autónomos y con pericia técnica. Presevar estos cinco elementos es lo que explica que un ciudadano confíe en una institución que es invisible a sus ojos y que la considere legítima. Y confía porque sabe que dentro del sistema sí hay alguien -comisión parlamentaria, defensor del Pueblo, jueces- que está siendo informado y, por tanto, confía en que esos guardianes están vigilando adecuadamente el trabajo de los espías. Y aquí es donde los acontecimientos de Pegasus quiebran el sistema.

La reforma express para introducir a fuerzas parlamentarias de muy dudoso apoyo a la Constitución y que no creen en la democracia parlamentaria en la comisión que controla en el Parlamento al CNI quiebra un elemento de confianza. Y la situación de nuestro Parlamento no era excepcional. Alemania excluyó en los ochenta a Los Verdes de esta comisión, y posteriormente al Partido del Socialismo Democrático, y más recientemente a la extrema derecha de Alternativa por Alemania. Y el Tribunal Constitucional alemán validó esa decisión. Muchos sistemas de control parlamentarios tienen estos mecanismos para, facilitando que se controle a los espías, no se quiebre el secreto y la operatividad. Por tanto, incluir a estas fuerzas políticas, anunciar fallos de inteligencia en ruedas de prensa y dudar sobre si entregar cabezas de servidores públicos como parte de la ecuación, tiene un impacto sobre la confianza interna y externa hacia los espías. Me decía hace años el presidente de una comisión de control parlamentario de un país europeo: nuestro servicio sabe que podemos amparar errores, pero no ilegalidades; de nuevo, confianza. Porque si los errores son siempre graves en cualquier organización, los que se cometen los espías tienen un impacto mayor, puesto que el secreto incrementa el ruido y el secreto dificulta recuperar la confianza.

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