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La solidaridad de la empresa privada

Los recelos ante las donaciones de Amancio Ortega, además de provocar rubor intelectual, son una completa indecencia

En los últimos días se están multiplicando las muestras de solidaridad de ciudadanos y empresas, en forma de donaciones económicas o de material, para ayudar al Estado a combatir la pandemia del coronavirus, que ha puesto a nuestro país y al mundo entero en una de las coyunturas más difíciles de las últimas décadas. Entidades y personalidades como Caixabank, Iberdrola, Ebro Foods, Caja Rural del Sur o el empresario linense Miguel Rodríguez, entre otras, están dando lo mejor de sí mismas para ayudar en estos complicados momentos. De entre estas iniciativas destaca la de la Fundación Amancio Ortega, fundador de una de las mayores multinacionales del sector de la moda en el mundo. La generosidad de Amancio Ortega hacia la sociedad española no es nueva, como bien sabemos en Andalucía, comunidad a la que donó importante maquinaria para combatir el cáncer, otra de las grandes epidemias que nos ha tocado vivir. En estos angustiosos momentos para España, cuando nuestros hospitales están al borde de su capacidad y los sanitarios se están infectando en cantidades alarmantes debido a la falta de equipos de protección individual, la Fundación Amancio Ortega ha vuelto a hacer gala de su comportamiento solidario con la compra de material sanitario por importe de 63 millones de euros (1.450 respiradores, tres millones de mascarillas, un millón de kits de detección del virus, 450 camas hospitalarias, etcétera). Además, la entidad, creada por el fundador y máximo accionista del grupo Inditex (Zara), mantiene gestiones para adquirir más material. A Amancio Ortega, un hombre alejado siempre del foco mediático y de los cenáculos del poder, no sólo hay que agradecerle su generosidad económica, sino también la eficacia de su Fundación en unos momentos en los que las mismas administraciones están fracasando en la adquisición de este material en unos mercados que se han convertido en auténticas selvas. Ante esta generosidad, la reacción de una sociedad sana sólo puede ser la del agradecimiento. En estos momentos ninguna ayuda puede sobrar, y más si procede de uno de los buques insignia del empresariado español. Sin embargo, en algunos miembros de un partido que forma el Gobierno, Unidas Podemos, estas donaciones privadas -y no sólo las de Amancio Ortega- despiertan recelos que son provocados por los prejuicios ideológicos de corte sectario, por melindres de universitarios acomodados a los que les gusta jugar a la revolución desde sus plácidas vidas. Parece que para algunos políticos lo de menos es que estén los sanitarios sin protección o mueran enfermos por no tener respiradores, sino poder seguir lanzando soflamas anticapitalistas que, además de provocar rubor intelectual, son una indecencia.

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