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Sin escudo natural frente al coronavirus

Ya no hay quien dude de que el Covid-19 será un problema importante para nuestra sociedad hasta que consigamos una vacuna

El estudio de seroprevalencia de Sanidad, ENECovid19, ha arrojado un dato que ha sorprendido a todos: sólo un 5% de los españoles tienen anticuerpos frente al nuevo coronavirus de Wuhan o SARS-CoV-2. Es decir, que nuestro país está muy lejos de conseguir eso que llaman la inmunidad de grupo o rebaño, que es cuando el virus no puede seguir avanzando por falta de nuevos huéspedes a los que saltar y que, según los expertos, se forma cuando al menos el 60% ha pasado la enfermedad y, por tanto, ha generado anticuerpos. En el estudio han colaborado científicos y estadísticos, y debe ser a partir de ahora uno de los principales inspiradores de las políticas del Gobierno. Por lo pronto acaba con un mito que se había instalado en gran parte de la sociedad y que, incluso, esgrimían muchos científicos en sus escritos y declaraciones a la prensa: que probablemente un gran número de españoles habían tenido el virus de forma asintomática y, por lo tanto, poco a poco podía ir desapareciendo el peligro. Nada más lejos de la realidad. Hoy por hoy ya se da por hecho que, como suele ocurrir con las pandemias en Europa desde que hay documentación histórica sobre las mismas, en otoño habrá un rebote ante el cual no tendremos más defensa que las medidas de higiene extrema y el distanciamiento social. Como aspecto positivo queda el dato de que la presencia del virus en nuestros espacios públicos y privados ha sido menos masiva de lo que se creía hasta la fecha.

En la actualidad ya no hay nadie que dude de que el coronavirus será un problema importante para nuestra sociedad hasta que consigamos una vacuna o, como ocurrió con el sida, se convierta en una enfermedad crónica, pero no mortal. Pero hay que tener muy en cuenta que para encontrar dicha vacuna y, sobre todo, fabricarla y administrarla masivamente (lo que supone millones de dosis en todo el mundo) aún queda, como mínimo, medio año. Y eso, con los cálculos más optimistas. Por eso, no está de más recordar otra vez la gran importancia de la inversión pública en investigación científica. El gran error de la crisis de 2008 fueron los enormes recortes que se produjeron en España en esta materia, dejando muy dañada una infraestructura científica que se había construido con tesón en los últimos cuarenta años. Los próximos PGE van a ser difíciles de elaborar, pero no hay que olvidar que al virus sólo se le derrotará con ciencia. Todo lo demás, como el confinamiento, son parches más o menos eficaces, pero parches al fin y al cabo.

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