Navidades en la intimidad

En el mejor de los casos, aún se tardarán meses en vacunar a la mayoría. Ayer se alcanzó un nuevo pico de mortalidad. La prudencia sigue siendo necesaria

Por si alguien albergaba alguna duda, ayer quedó claro que los planes del Gobierno para las Navidades pasan por no relajar en demasía las medidas contra el coronavirus. En concreto la idea es que las grandes celebraciones de estas fechas, tanto la Nochebuena como la Nochevieja, se hagan en la más estricta intimidad de la familia nuclear, con un máximo de seis personas en cada domicilio y un toque de queda a la una de la madrugada. Esto, en la mayoría de los casos, significará que las fechas se celebrarán prácticamente entre los que ya viven habitualmente en un domicilio, algo que no deja de ser un golpe para una sociedad como la española, que sigue siendo en estos días muy tradicional y que gusta de vivir estas fechas en familia. La medida no puede gustar a nadie, empezando por el mismo Gobierno, pero parece evidente que no se podía hacer otra cosa. El anuncio en los últimos días del hallazgo de hasta tres vacunas contra el coronavirus ha generado un lógico optimismo en la población, pero una vez más hay que hacer un llamamiento a la precaución. Por lo pronto, España alcanzó ayer un nuevo pico de mortalidad por coronavirus, con 537 fallecidos. En el mejor de los casos, según los planes del Ejecutivo presentados ayer por el ministro de Sanidad, Salvador Illa, las vacunaciones no empezarán hasta el mes de enero y, en un principio, como es lógico, se centrarán en las poblaciones de riesgo, como los mayores residentes en asilos y los profesionales que los atienden o el personal sanitario. Por tanto, aún se tardará algunos meses para que se consiga una inmunidad de grupo. La prudencia sigue siendo lo más aconsejable. Tiempo habrá para las grandes celebraciones. La campaña de vacunación será una nueva oportunidad para que todas las administraciones limpien su imagen un tanto deteriorada por la más que discreta gestión de la pandemia. Supondrá un importante esfuerzo económico, organizativo y logístico, pero España tiene recursos materiales y humanos de sobra para afrontarla con éxito. Si no se hace con la debida eficacia, la clase política descenderá un escalón más en la valoración social. Y ya son varios los que ha descendido en esta crisis.

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