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Crónica Personal

A vueltas con la prudencia

Hay que calcular los límites de la prudencia, porque en ocasiones se puede confundir con la debilidad

Cualquier presidente con un mínimo sentido de la responsabilidad debe medir muy bien las consecuencias de sus actos y la repercusión de tomar una decisión equivocada. Sin embargo hay que calcular los límites de la prudencia, porque en ocasiones se puede confundir con la debilidad, sobre todo cuando hay gente -incluso en tu propio partido- empeñado desprestigiar al gobernante, que a su vez está empeñado en medir los pasos hasta la exageración para no equivocarse y sobre todo para no dar bazas al contrario que le puedan hacer ganar la batalla.

La batalla de la opinión pública, que es importante, pero también la batalla de los medios de comunicación. Pero por encima de la opinión pública y los medios, lo que debe cuidar el Gobierno es no cometer errores, porque entonces sus adversarios se encontrarían cargados de razón ante la Justicia e incluso ante las autoridades internacionales. Que, pongamos nombre y apellido a estas consideraciones, es exactamente lo que busca Carles Puigdemont: que el Gobierno se precipite y la respuesta a su desafío sea desproporcionada.

La situación es extremadamente grave, y es posible que Rajoy esté pecando de exceso de prudencia. Es fácil teorizar sobre qué se debe hacer para responder al desafío del independentismo, pero cosa muy distinta es decidir qué competencias de deben asumir para bloquear las políticas de Puigdemont. Es fácil decir que hay que poner a los mossos bajo el poder de las fuerzas de seguridad del Estado, o enviar el Ejército, o suprimir los planes educativos, o dejar de enviar a Cataluña el dinero que recibe a través del Fondo de Liquidez Autonómico. Sin embargo, no hay ninguna garantía de que los mossos acepten otra autoridad que no sea la de sus jefes, que los funcionarios se plieguen a las órdenes que emanen de Madrid, o que ante el 155 se convoquen sucesivos y violentos desórdenes callejeros para obligar a la intervención de las fuerzas de seguridad, hasta el punto de que se puedan producir actos de tensión máxima con posibles víctimas. Que es lo que buscan algunos independentistas, seamos claros.

La parsimonia con que Rajoy prepara su respuesta a Puigdemont es irritante, y cada vez que se indica que está midiendo cómo aplicar el 155 la desazón es infinita, porque ante el desafío secesionista, ante la inquietud que provoca el desafío secesionista, todo el mundo quiere respuestas contundentes ya. Pero como decía Pío Cabanillas, ante situaciones extremas, "lo urgente es esperar". Aunque nos pueda la impaciencia.

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