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El voto de los católicos

Los votos de los católicos de derechas han permanecido cautivos durante años en las frígidas mazmorras del PP

Según el CIS, de Tezanos como ahora es obligado decir, en España hay casi un 70% de católicos, que se desglosan en algo más de un 20% de practicantes -es decir, que cumplen con el precepto dominical- y una amplia mitad de la población que, sin renunciar a su fe, no experimenta esa necesidad en este momento de sus vidas. Sólo ese quinto más religioso supone, en términos electorales, la muy considerable masa de ocho millones de potenciales votantes, lo que explica el interés sociológico, pero sobre todo político en las presentes circunstancias, del libro presentado el martes en la sevillana Fundación Madariaga titulado significativamente A la caza del voto católico, cuyo autor es uno de los más perspicaces periodistas de materia religiosa de España, Francisco Serrano Oceja.

Si el libro, lo bastante breve como para no imponer temor reverencial, pero enjundioso y sin el menor desperdicio ni concesión a lo superfluo, constituye una nutritiva lectura para cualquier católico interesado por la política, debiera estar obligatoriamente sobre la mesa de todo aquel que aspire a cazar, empleando la terminología del título, en esos cotos. Al respecto, el mismo CIS asegura que de esos ocho millones de ciudadanos, cerca de un 70% se consideran, con mayor o menor intensidad, de derechas.

Eso cinco millones largos de votos de derechas y de católicos han permanecido cautivos durante años en las frígidas mazmorras del PP, en la medida en que, sin alternativa posible, eran utilizados para elevar a quienes una y otra vez no mostraban luego el menor interés en cumplirles sus promesas ni darles otra satisfacción que haber evitado males aún mayores. Francisco Serrano incide en dos hechos esenciales: la venturosa apertura del espectro político y, como marca del pontificado de Francisco en España, el llamativo silencio de la Conferencia Episcopal en momentos electorales, sin otra excepción que el comunicado de la Asamblea de obispos andaluces ante los comicios autonómicos de diciembre pasado. La combinación de ambos factores ha propiciado un fraccionamiento del voto de los católicos sin precedentes, algo que aún no podemos saber qué consecuencias puede tener y hasta qué punto puede debilitar o dotar de mayor fuerza y legitimidad a la Iglesia, al no aparecer ya vinculada a un único partido. No debieran ignorarse los indudables peligros que se ciernen en el horizonte, especialmente ahora con la libertad de enseñanza en el alero y un laicismo tan crecido como agresivo.

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