La esfera armilar

Lo nunca visto

En la Plaza de Toros de Algeciras se circula a placer por los tendidos estando el toro en el ruedo

A lo sucedido en Algeciras el viernes de Feria, el pasado día 24, se le puede rotular con un más que ostentoso "lo nunca visto"; y he visto toros. Llevo años siendo abonado de la primera plaza del mundo, la Monumental de Las Ventas, de la madrileña calle de Alcalá. Eso supone ver toros unos treinta o cuarenta días al año, sin añadir los que se vean fuera de ese gran coso. También supone situarse en un escenario de entendidos y de profesionales que conocen su oficio. Como pasa -en un ejemplo sublime- con Florentino Fernández Castillo, "Florito", el mayoral de la Plaza. No hace nada estaba por allí Gloria Sánchez-Grande, asistiendo a Miguel Abellán, director de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid. La vi ese día, el viernes, por la mañana incorporada a la Redacción de Europa Sur y me alegré mucho de ello.

Excelente periodista, conocedora del medio, Gloria ha escrito el relato de estos días en Las Palomas. Además de dos magistrales entrevistas, una al joven maestro peruano Roca Rey (día 24) y la otra al triunfador de la Feria, Antonio Ferrera (día 22). Su crónica de la impresentable corrida de Santiago Domecq ahí está y debe prestársele atención para hacerse con el paño de lo sucedido. No obstante, conviene poner de manifiesto la falta de respeto que la empresa concesionaria "Espectáculos Carmelo García" ha tenido con el, no obstante llamado, respetable. Además de que ver en una plaza a un picador que monta como si se tratara de rejonear al toro, persiguiéndolo y azuzándolo junto a la toma de riego, es eso: un espectáculo que por intolerable no debiera ser jamás visto.

La vuelta al corral del quinto toro solo se explica en un recurso del presidente ante un escándalo que fue grande pero pudo ser mayúsculo. La película de cabestros y cabestreros ignorando el oficio que justifica su presencia, completa una escena que pasará a la historia como ejemplo de lo que nunca debe pasar. Pero hay más, el jueves día 23, la mayoría de los accesos a la plaza estaban cerrados media hora antes del comienzo de la corrida. A la falta de personal se añadía la de cordura. En la plaza de toros de Algeciras, apenas si hay servicios, los espectadores circulan a placer por los tendidos estando el toro en el ruedo, los vendedores también, y unos pocos acomodadores no sólo no dan abasto sino que desconocen el reglamento. Ni siquiera hay arena suficiente al pie de los burladeros para atender la demanda del albero.

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