La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

La vergüenza de un mitin en Andalucía

El sanchismo no tiene solución porque no hay nadie que pueda enderezar su rumbo, no hay maestros ni referentes morales Por fin oímos una verdad en el Congreso Queda algo de ternura en la política

Pedro Sánchez y Begoña Gómez en el mitin del miércoles en Benalmádena.

Pedro Sánchez y Begoña Gómez en el mitin del miércoles en Benalmádena. / M. G. (Málaga)

Mienten, manipulan, deforman. Aprovechan un mitin en Benalmádena para dar rienda suelta a un neopopulismo de bajo coste por el que se simplifican los amigos y los enemigos, los bandos a favor y en contra, los buenos y los malos. Cuanto ocurre no tiene nada que ver con la derecha, ni con la ultraderecha, ni mucho menos con el feminismo, sino simple y llanamente con la conducta poco ética y menos estética del cónyuge del jefe del Gobierno. Quien corresponde deberá decidir si además hay que depurar responsabilidades penales. Hay que respetar un proceso que desde tiempos del Derecho Romano constituye en sí mismo una garantía. De momento un juez de instrucción ha citado como investigada a una ciudadana, lo cual ocurre con cientos de españoles cada día. ¿No somos todos iguales ante la ley? ¿No dijo el presidente del Gobierno en aquella reciente sesión de control del gobierno que confiaba en la justicia de su país? Débiles eran los cimientos de la confianza. No respetan la democracia, asaltan la separación de poderes, arremeten contra una judicatura que están deseosos de controlar. Es la vieja tentación de la clase política de controlar a jueces y periodistas. Sacan el escobón cada vez con más frecuencia: "¡Malditos roedores!". Un presidente del Gobierno de España prueba hoy, digiere mal y procesa peor cuánto poder tiene un sencillo juez de instrucción. Sánchez elige Andalucía para exhibir a la investigada Begoña Gómez en un mitjn. ¡Prietas la filas, hay una conjuración, todos contra el enemigo común de la derecha!. Las muestras de adhesión resultaron un espectáculo sonrojante. Y nos queda la duda de si la señora Gómez habría recibido semejante ad calorem, tamaña muestra de aval jaranero, si el mitin se hubiera celebrado en el País Vasco, Asturias o Navarra. Sánchez y sus dóciles corceles ya no creen en la justicia de su país.

La confianza ha durado apenas tres semanas. Hay que soltar la correa de los perros mas agresivos y que busquen las piernas de un juez de Instrucción que es criticable, ¡cómo no!, pero debiera merecer todo el respeto. Pero el sanchismo no conoce límites, carece de ideología más de allá del mantenimiento en el poder por el poder, no tiene referentes morales, no reconoce maestros que puedan corregir el rumbo (Zapatero no lo es de nada) o impongan mesura, y compra el prestigio al peso con doctorados en universidades devaluadas. El vergonzoso mitin de Benalmádena ha retratado a muchos. Y eso, antes que beneficiar a nadie, perjudica a la política. La clave no es cuánto durará el sanchismo, sino que legado nos dejará, que forma de entender la gestión, qué escuela, qué estilo, qué concepción del poder. Hasta qué punto mucha gente de buena fe apoya unas formas que hasta hace pocos años eran insólitas. La nueva política no era Iglesias, Albert o Abascal. La nueva política era él. Del "hay que ser socialistas antes que marxistas" que marcó una era, a una suerte de "hay que ser sanchistas antes que socialistas" de hoy. No se trata de ser derechas ni de ningún extremo, se trata de vigilar a quien detenta el poder y de no comulgar con ruedas de molino. 

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