José Aguilar

Del velódromo al 'gourmet'

HUBIERA sido impensable sólo dos años atrás, pero ayer sucedió. Mientras Felipe y Alfonso aceptaban volver a saludarse y mitinear juntos en el velódromo de Dos Hermanas en socorro de un desfalleciente Rubalcaba -todo sea por la causa-, nuestro hombre, que lleva un cuarto de siglo como funcionario del PSOE, compraba exquisiteces en la tienda para gourmets de unos grandes almacenes.

Otros muchos faltaron a la cita de Dos Hermanas, desactivada por los pésimos augurios del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Nadie quiso creerse la encuesta del CIS. El PP, para que la aplastante victoria pronosticada no desmovilice a los suyos el 20-N, que es el único día que al final vale; el PSOE, por lo contrario: para que el presagio de la derrota no deje a los suyos y a los indecisos en casa, sino que los empuje hacia las urnas hasta darle la vuelta al tremendo sondeo.

Claro que esto último ha servido bastante en otros tiempos más inciertos, pero menos en esta coyuntura de certidumbres y rotundidades.

Ahora buena parte del electorado tradicional del socialismo ya ha tirado la toalla y ni las razones ideológicas ni las pulsiones sentimentales lo van a mover. Ahí se incluyen muchos simpatizantes, pero también militantes y hasta fontaneros con muchos trienios viviendo del partido, como el hombre que motiva este comentario, que sustituyó el mitin central de la campaña de Rubalcaba por las delicatessen, para apurar un fin de semana más con trabajo fijo. Por si es de los últimos. Que puede serlo.

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