Sea como fuere, lo sucedido estos últimos días debe servir de aviso a las autoridades de España y Reino Unido para que, con independencia de las diferencias que se mantengan en otros ámbitos relativos al Brexit, traten por todos los medios de facilitar las cosas a los vecinos de uno y otro lado para que no se conviertan en rehenes de circunstancias con las que nada tienen que ver. La convivencia entre las personas y el mantenimiento de los vínculos sociales no debe ser una nota al margen en las negociaciones.

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