El tratado fiscal, en buena dirección

La semana pasada el Senado aprobó el Acuerdo Internacional en materia de fiscalidad y protección de los intereses financieros entre España y el Reino Unido, fase final del trámite de la autorización parlamentaria antes de su entrada en vigor. Se le ha calificado como un acuerdo histórico por diversos motivos. En primer lugar, por ser el segundo tratado entre España y RU en relación con Gibraltar desde el Tratado de Utrecht de 1713, base jurídica de la cesión a perpetuidad del territorio, dato histórico suficientemente indicativo de la relevancia del instrumento jurídico.

En segundo lugar, por su aprobación en un momento de absoluta inseguridad ante el escenario cargado de incertidumbre como es el proceso de salida del RU de la UE, y con él, del territorio de Gibraltar. En este sentido, este tratado será un elemento fundamental para que la salida sea ordenada en un tema tan especialmente sensible como el fiscal, proporcionando un marco de cooperación para evitar el fraude y la evasión de impuestos.

Es fundamental reconocer que este tratado estará en vigor, tanto si se llega a un acuerdo sobre las futuras relaciones con el RU, como si finalmente no se llegara a ningún acuerdo. En cualquier caso, garantiza un marco de entendimiento y comunicación absolutamente necesario para la mejora de las relaciones transfronterizas que requieren seguridad jurídica para afianzar las inversiones y generar dinamismo empresarial y confianza en una zona tan compleja y plagada de problemas económicos y sociales.

Parece absolutamente acertado el enfoque del Gobierno español, negociar, en un marco multinivel, una mejora del tratamiento de los problemas transfronterizos como se realizó a través de los cuatro memorandos de entendimiento y la incorporación de un Protocolo sobre Gibraltar como anejo en el Acuerdo de Retirada.

Dentro del marasmo que supone el Brexit cargado de dificultades políticas y jurídicas, España ha conducido de forma constructiva su acción diplomática en la defensa adecuada de sus intereses compatibilizándola con la mejora de las relaciones transfronterizas y apostando por el diálogo y eludiendo la confrontación.

No obstante, el proceso del Brexit es complejo y cargado de incógnitas y dificultades. Al menos, en relación con Gibraltar se ha abandonado los planteamientos maximalistas, inviables y absurdos, como la disparatada propuesta de cosoberanía, reconduciéndolo por vías pragmáticas y sensatas. En principio, la dirección adecuada

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