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La tentación totalitaria

No es el capitalismo sino el comunismo el verdadero enemigo de la socialdemocracia

No pocas veces me dispongo a escribir con la convicción, no ya de que lo que vaya a escribir esté escrito, sino incluso de que me repita. No obstante, siento que debo insistir; mucha gente sigue sin aprender de la historia y sin leer el mínimo suficiente. Me reencuentro con ideas adquiridas en mi adolescencia y juventud, en mi variada y larga etapa universitaria, cuando tuve el privilegio de disfrutar de la clase intelectual que se instaló en la Europa de la segunda mitad del pasado siglo, después de las guerras que se llevaron por delante a una juventud que parecía haber nacido para el sacrificio.

Esa sensación de reencuentro la tengo cada vez que se alude al Gobierno con el calificativo socialcomunista. No está mal para entendernos, pero la denominación me produce un poco de grima. Es increíble que a estas alturas pueda darse una cosa así, y hoy, al ponerme a escribir, he recordado un ensayo de Jean-François Revel (1924-2006), titulado como este artículo. La obra de Revel es extensa y muy importante para comprender la radical incompatibilidad del socialismo democrático, o socialdemocracia, con el comunismo, incluso cuando el marxismo todavía estaba en sus esencias ideológicas. La lectura de ese ensayo (Plaza Janés, 1976) debiera ser obligatoria, como algunas otras obras maestras, sobre todo en las Escuelas de Periodismo, porque Revel, que fue un intelectual de talla académica, derivó en periodista y puso sus acertadas reflexiones y su gran conocimiento de la realidad europea de su tiempo, al alcance del gran público. Supo subordinar lo pensado a lo vivido, como decía Vargas Llosa, provocando que sus reflexiones acerca de la terrible pandemia del comunismo, pusieran en guardia a la clase política occidental en una etapa transcendental de su inmediato devenir.

"Ya no podemos seguir contraponiendo, como en los tiempos de las guerras de religión, capitalismo y socialismo" escribía Mijail Gorbachov en 1992. El comunismo ha devorado, en todas las aproximaciones, al socialismo democrático, alejándolo de sus afanes progresistas inspirados en el liberalismo. No es cuestión de quedarse en la teoría con Marx y Engels, sino de llegar a la praxis que supuso su realización en la Unión Soviética con Lenin y Trotski, durante la segunda década del siglo pasado, y su consecuente proyección internacional. No es el capitalismo sino el comunismo el verdadero enemigo de la socialdemocracia.

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