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La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

Los tacones de aguja del G-7

En Francia, mientras ellos debatían sobre Irán, Rusia o la Amazonia ellas se hacían fotos con pimientos sonrientes

La escritora cubana Wendy Guerra acaba de publicar en prensa un durísimo ensayo denunciando cómo el machismo sigue siendo "políticamente correcto" en su país, cómo el movimiento #Metoo ha pasado de largo en una isla que vive cómodamente en el #YoTampoco y cómo son las propias estructuras del Estado, el tejido social y empresarial y los propios colectivos feministas los que perpetúan una imagen idílica y falsa de la mujer. La que fue "liberada por la Revolución" y ya no necesita nada más; la que ha nacido y crecido bajo un sistema de control "disfrazado de paternalismo" que "te acaricia y te pega, te educa y te prohíbe, te ilustra y te censura".

Lamenta que nadie se acuerde de la mujer cubana en un siglo XXI cada vez más contestatario e inconformista que mira indignado la situación de las mujeres árabes o de las niñas indígenas. Pero la realidad es que también las mujeres del primer mundo, las de París, Madrid o Manhattan, necesitan ser salvadas. Rescatadas de nuestra propia ficción de emancipación y protegidas de nosotras mismas. El frívolo papel de las primeras damas en la cumbre del G-7 que acaba de celebrarse en Francia ilustra lo primero; la denuncia contra la red de amigas, empleadas y socias que ayudaban al magnate Jeffrey Epstein a reclutar a niñas y adolescentes para sus escandalosas fiestas sexuales en Palm Beach debería alertarnos sobre nuestro peligroso papel de cómplices. De cooperadoras necesarias para el mantenimiento del status quo: el de poder (de ellos) y el de florero (nuestro).

En USA, la first lady tiene programa propio y una oficina en el ala este de la Casa Blanca. En la (hipócrita) Francia, Emmanuel Macron ha intentado dotar de competencias y presupuesto a su pareja y ha tenido que rectificar por el rechazo popular. En Espelette, mientras ellos arreglaban el mundo con asuntos como Irán, Rusia o la Amazonia ellas se hacían fotos con campestres cestas de pimientos, altísimos taconazos y sonrisas; muchas sonrisas. El marido de Angela Merkel, el químico Joachim Sauer, no estaba. Ni ha dejado su carrera para acompañarla...

En el caso de los abusos de Epstein -el amigo de Trump y Clinton se ha suicidado este verano en la cárcel- ya se ha identificado a "la jefa" y a la "lugarteniente" que estaban detrás de la telaraña sexual del multimillonario. Conspirando a su lado. El libro más conocido de Wendy Guerra lo dedica a la guerrillera Celia Sánchez, mano derecha de Fidel, y lo titula Nunca fui primera dama. Sí, también las damas liberadas del #Metoo tendríamos que mirar a La Habana.

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