La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Los sucesos de Dijon

Entre la xenofobia y la idiotez biempensante está el realismo solidario. La xenofobia condena a todos los inmigrantes por el mero hecho de serlo, sea cual sea su comportamiento, culpando a todos por los actos de algunos, y se nutre de estereotipos y bulos. La idiotez biempensante hace lo mismo al revés ignorando los problemas que la convivencia en condiciones precarias plantea siempre, no solo entre los inmigrantes, y nutriéndose de estereotipos angelicales. Tan culpable es el racismo de unos como el buenismo de otros. La integración exige ese realismo solidario que no cierra los ojos ante los desafíos que plantea a los gobiernos, a las administraciones regionales y locales, y a los ciudadanos (sobre todo a los que viven en condiciones más precarias, que son quienes padecen los problemas en primera línea).

Por desgracia la idiotez biempensante, agravando los problemas al ignorarlos, alimenta la xenofobia que nace en muchos casos como reacción de los más machacados. De otra parte, ser inmigrante no es una categoría ética ni presupone valores cívicos. También hay entre ellos, como entre nosotros, incívicos y violentos. Y es sabido que, ya se trate de inmigrantes o nativos, la marginación multiplica la violencia.

Los graves sucesos de Dijon -una batalla campal entre chechenos y argelinos por el control del tráfico de drogas que ha durado cuatro días obligando al alcalde a pedir socorro al ministerio del Interior- son un episodio espectacularmente brutal que se inscribe en la tensión cotidiana que se vive en los 750 guetos suburbanos existentes en Francia. "Comprendo que la población esté traumatizada por estos hechos -ha dicho el ministro-, los dijoneses tienen derecho a la serenidad, la tranquilidad y la seguridad". Pero, ¿cómo garantizarlas a todos los ciudadanos -incluidos los que viven en los guetos suburbanos- con estas ollas a presión siempre a punto de estallar? Hubo momentos en que las inferiores fuerzas policiales, hasta que llegaron los refuerzos, tuvieron que retirarse ante un centenar de chechenos con bates de beisbol, barras de hierro y algunas armas de fuego. Es revelador de la idiotez biempensante lo dicho por el secretario sindical de la policía: "La semana pasada hubo políticos que pidieron que se desarmara a la policía en el contexto de las denuncias de la violencia policial. Los sucesos de Dijon son la demostración de que las cosas no son tan simples".

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