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Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

La república no existe, idiota

El embuste catalanista tiene en común con el fanatismo religioso la creencia y la defensa de algo que no existe

El punto en común del embuste catalanista con el fanatismo religioso es la creencia en algo inexistente. Los independentistas llaman a defender nada, algo que no está, pero que el fanático aguarda como un Advenimiento que sobrevendrá en una jornada resplandeciente y gloriosa entre fanfarrias, banderas al viento -sí, más banderas, qué barrila con las banderas-, cánticos, abrazos, risas y lágrimas y quién sabe si hasta con levitaciones y asunciones de algún que otro líder nimbado por la santidad que se elevará por encima de las barretinas y los castellers.

Pero para defender algo tiene que haber un ataque contra ese algo, y para que éste se dé tiene que haber un agresor. No hay nada de qué defenderse si nadie ataca, excepto cuando se padece manía persecutoria. Esto es lo que lleva pasando con Cataluña hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo. Se han inventado un ataque y han llamado a la defensa. ¿De qué? El concepto legítima defensa, o en defensa propia, es muy serio. Puedes llegar a matar a tu atacante, pero estás obligado a demostrar que esa era tu única salida, que tenías que echar mano de ella para evitar lo peor: alguien quería acabar contigo o con algo tuyo. Algo que existe.

A veces hay que repetir estas perogrulladas. Cuesta creer que se olviden tan fácilmente. Ya es menos creíble que se olviden de forma involuntaria. Eso es amnesia histórica, por decirlo de forma blanda, porque en realidad de lo que se trata es de tergiversación y manipulación descaradas convenientemente desarrolladas en los manuales de Propaganda Victimista y Publicidad del Oprimido ¿No es mediante estas estratagemas como tienen éxito las sectas? El reclutamiento de sus próselitos está garantizado. Nos atacan, les advierten, defendámonos. Y se apuntan al martirologio.

Defendiendo qué. Un intangible. Como ese agente rural -y sin duda rústico- de la Generalitat, independentista, que conminó a un agente antidisturbios de los Mossos a defender la República catalana. El policía replicó: "La República no existe, idiota". Y la división de asuntos internos de los Mossos, como no tiene otros marrones en los que indagar, va a investigarlo. ¿Debió ahorrarse el madero su opinión sobre el nivel de entendederas del guarda cazurro? Sí. ¿Defendía, cumpliendo con su obligación, algo que sí existe, el Estado de derecho? Sí. ¿Se equivocó en algunas de sus apreciaciones? No. Ni en lo de la inexistencia de la República ni en la idiocia del otro.

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