Su propio afán

El puente

Aprovechemos que este año casi todos tenemos un falso puente para pulsarnos el ánimo

UN amable lector me confiaba su desengaño cuando hace dos días fue a leer un artículo mío titulado "El puente". Esperaba una conmemoración del puente de estos días, y se encontró con una reflexión ético-política a cuenta de la serie policíaca sueco-danesa del mismo título. Pobre. Y como el cliente siempre tiene razón, y más aún si es el lector, cumpliré sus expectativas, aunque con retraso. Este semipuente es tan largo que me da tiempo a rectificar.

Antes de que cambien la Constitución, tengo que celebrar la fecha de su fiesta, cuyo encanto principal estriba, precisamente, en el larguísimo puente. Se trata de una constitución aconfesional, como imponen los tiempos, pero al estar elegantemente conectada con la fiesta de la Inmaculada, con un día por medio para disimular, invita a recapacitar sobre aquellos valores trascendentes que escapan a la fachada legal de un sistema, pero que lo sostienen por detrás.

Este año, sin embargo, tenemos que aprovechar que casi todos tenemos un falso puente, sin días de fiesta colgantes. Como los dos días grandes han caído en martes y jueves, los días impares están siendo laborables. Lo que permite que nos apliquemos el test del puente con tres días de prueba. ¿Qué nos están pareciendo el lunes, el miércoles y el viernes? ¿Más lunes o más viernes, eh? Una persona sistemática diría que el lunes fue más lunes que viernes; el miércoles, lunes hasta las 12 y viernes en adelante; y el viernes será más viernes que lunes. A mí me interesan más los menos sistemáticos, o sea, casi todos. Como en lo del vaso medio lleno o medio vacío, habrá quien viva esta semana como la de los tres lunes y quien la viva como la de los tres viernes. Además, los optimistas más recalcitrantes, la recordarán como la de los cuatro domingos, y darán gracias.

Por último, para completar el catálogo de los caracteres, habrá quienes piensen en esta semana como la de los tres días de trabajo. Que, sin ser mi caso, me provoca un enorme interés socio-laboral. Porque, ¿se habrá medido la productividad de estos días alternos? Aquí vuelven a dividirse las percepciones: están los que creen que se trabaja menos, y los que sospechamos que se juntan en un punto la épica por comenzar del lunes y la ilusión por rematar del viernes y que ese cóctel explosivo puede muy bien funcionar laboralmente como un motor de explosión. Claro que no tanto, me temo, como para que se imponga.

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