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Ojo de pez

Pablo Bujalance

pbujalance@malagahoy.es

Las provincias

Que puedan existir razones para el agravio no significa que el agravio sea la mejor respuesta posible

No falla: cada cierto tiempo, sobre todo cuando la coyuntura económica se hace más sensible y la percepción de los mensajes lanzados admite menos matices, aparecen discursos, informaciones, interpretaciones y balances dirigidos a profundizar el agravio entre las distintas provincias andaluzas. Cuando no es un aeropuerto es un tren de alta velocidad, el rodaje de alguna serie de seguimiento masivo o la proyección exterior de tal producto o tal mérito. Es muy cierto que en Andalucía resisten desigualdades notables en muy diversos índices, desde las comunicaciones hasta la promoción turística pasando por la catalogación patrimonial, y que la Junta de Andalucía ha prestado tradicionalmente poca atención a estos desequilibrios, ya desde la Transición y desde la propia definición de la región en los términos actuales, seguramente porque el poder político saca igual beneficio a su manera de esta desarticulación. Pero también lo es que el modo de referirse a las desigualdades puede dar a entender que se desea corregirlas o, por el contrario, que únicamente se trata de airear el agravio precisamente porque el mismo entraña ya un negocio al que pocos en su sano juicio renunciarían. Ya sea entre el interior y la costa, entre Andalucía la Alta y, con perdón, la Baja.

Pero habría que recordar que el hecho de que puedan existir razones para el agravio no significa que el agravio sea la mejor respuesta posible. Siempre cabe la posibilidad de asumir los éxitos de otras provincias como propios y garantizar los cauces para que todos los andaluces se beneficien de estos éxitos habitualmente asimilados como provinciales. Lo que se da aquí de toda la vida es justo la reacción contraria, así que, cuando alguien se pregunte cómo es que un territorio con todas las posibilidades y la diversidad geográfica, social y productiva de Andalucía se mantiene en los niveles más bajos de emprendimiento y en los más altos de fracaso escolar en España y en Europa, podemos señalar como razón el empecinamiento del provincianismo: la preferencia, casi siempre, por actuar, gobernar, informar y cultivar a tenor de criterios provinciales, no autonómicos. Pero esto no es gratis: el empecinamiento obedece a un rendimiento social y económico del que unos pocos sacan mucho partido y con el que perdemos todos los demás andaluces. La mayoría.

Sucede que los argumentos que con más facilidad contribuirían a la articulación del territorio andaluz, como la cultura, escapan de la rentabilidad cortoplacista. El agravio, ya saben, arde antes y engorda más.

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