Es buena cosa que quede alguna persona con principios en el Gobierno. Son escasos los políticos actuales que mantienen sus principios, y cuando son el presidente y uno de los vicepresidentes los que encabezan la lista de los que mienten, prometen lo que saben que no pueden cumplir, engañan y entran en una dinámica de confrontación permanente con los adversarios que empobrece la imagen ya suficientemente empobrecida de nuestro país, la desazón y la intranquilidad alcanza a todos los ámbitos. Incluso, el de los que confiaron en la palabra de un hombre que ha hecho bandera del incumplimiento de esa palabra y echado por tierra su supuesta buena fe.

Margarita Robles, ministra de Defensa y ministra también de la Guardia Civil pues es un cuerpo de naturaleza militar, demostró ayer, en el programa de Alsina, que es la excepción que confirma la regla. En Onda Cero no ha dudado en defender lo que ha defendido siempre, y cuando no era prudente meter más el dedo en el ojo de un ministro desprestigiado, simplemente ha callado sabiendo que en España, y en otros países, se da por sabido que el que calla otorga. Cuando le pidieron opinión sobre Grande-Marlaska, compañero de Gobierno, amigo desde hace años, y juez como ella misma, respondió de forma muy simple: "No opino". Dijo que no conocía a fondo lo ocurrido, que significa que había preferido no conocerlo.

Sí dejó clara su distancia con Marlaska e incluso con el propio presidente, que tuvieron una sonada y nada afortunada intervención en el Congreso insinuando que percibían deslealtad en el cuerpo. Robles afirmó que no tenía ningún indicio de insubordinación en la Guardia Civil, y que se sentía "orgullosa" de esta.

Margarita Robles es juez, y sabe por tanto a quién debe informar y a quién no la Policía o la Guardia Civil cuando actúa como policía judicial; más todavía cuando está en marcha una investigación sobre decisiones tomadas en el seno del Gobierno: sólo el juez puede conocer el trabajo de los investigadores.

En este escándalo que ha provocado Marlaska, que empezó apuntando que el informe elaborado por la guardia civil estaba plagado de errores, acusó después a Pérez de los Cobos de filtrar el informe a medios de comunicación, ha mentido en sede parlamentaria y ha terminado echando la culpa a un subordinado -imperdonable-, el "no opino" de Margarita Robles ha sido revelador. Al menos hay alguien en el Gobierno que no consiente las instrucciones de aplausos y adhesiones incondicionales.

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