Al microscopio

Ómicron, la letra griega no tocaba

Mientras en los países ricos se suministra la tercera dosis de la vacuna, en los pobres no llega ni la primera

No se si conocen las razones por las que la nueva variante del SARS-CoV-2 no ha recibido el nombre que le correspondía en el alfabeto griego, utilizado para dar nombre a las variantes del virus aparecidas hasta ahora, trece en total. Parece que llamarle 'ni' o 'xi', que eran las letras que le correspondían a esta nueva variante, no era adecuado. La letra 'ni' se descartó por la confusión que podía suscitar con la palabra inglesa "new"(nuevo), ya que se pronuncia "nu". Y aunque la razón de descartar 'xi' que saltó a redes, fue que era el apellido del líder chino Xi Jing Ping(en China los apellidos van delante del nombre), la OMS informó en su día de que, al ser un apellido muy común en China (más de 700.000 personas lo poseen) no era adecuado poner ese nombre a la nueva variante. Junto con alfa, beta, gamma y delta, ómicron es la quinta variante considerada "variante de mayor interés para la salud pública".

Aparte de esta cuestión, que puede considerarse más o menos anecdótica, la nueva variante preocupa, y mucho. Ómicron posee más de medio centenar de mutaciones, gran parte de ellas, 36 en concreto, en su espícula, esa proteína que sabemos que actúa como una "llave" para poder entrar en la célula. Esa entrada, la hace el virus acoplándose a un receptor de la membrana celular que actúa como "cerradura" para esa llave. Cabe la duda de que esa variación en su espícula pueda suponer un mejor encaje "llave-cerradura". Es probable que su mayor transmisibilidad respecto a otras variantes se deba a esa razón o a que "despista" mejor a los anticuerpos. Incluso puede que ambas razones estén vinculadas a su mayor capacidad infecciosa, constatada ya por la OMS.

Sí parece claro que el bajo porcentaje de vacunación en África (solo el 8% de la población tiene la pauta completa) era a priori, un excelente caldo de cultivo para que apareciera una nueva variante peligrosa. El acceso a las vacunas no ha sido igualitario, un buen tema para debatir sobre la igualdad de oportunidades antes esta pandemia. El programa COVAX lanzado por la Organización Mundial de la Salud, la Comisión Europea y el Gobierno de Francia se planteó en abril del 2020 como un pilar importante del llamado Acceso acelerado de herramientas contra la COVID 19. La iniciativa COVAX se comprometía a dar acceso justo a las vacunas a todos los países del mundo y la gratuidad de estas para los más pobres. La realidad es que, pasado ya año y medio de esta iniciativa, los resultados no son los esperados y mientras los países ricos están suministrando la tercera dosis de la vacuna, en los más pobres las vacunas no llegan y el 98% de la población sigue sin vacunar. COVAX ha proporcionado solo el 5% de las vacunas suministradas en el mundo. Añadamos a esta situación que, en gran parte de la población africana, preocupa más llevar un plato de comida a la mesa que vacunarse contra la COVID.

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