Paisaje urbano

El ocaso de los enanitos toreros

Temo ciertas actitudes que pierden el tiempo en defender causa que son difícilmente defendibles en la sociedad de hoy

Los aficionados que casi contamos los años por temporadas nos acordamos de aquellos carteles que remataban todas las ferias de la piel de toro con el espectáculo del bombero torero y sus enanitos toreros, y que fueron perdiendo interés sucesivamente hasta casi su desaparición. Los datos objetivos son concluyentes: de los 117 espectáculos cómicos taurinos ofrecidos en España en 2007 a los apenas 19 que se celebraron en 2019, la última temporada con festejos antes de la pandemia.

El declive de este tipo de espectáculos hay que buscarlo a medio camino entre el desinterés de los aficionados, la presión social ejercida por las asociaciones de personas con acondroplasia (vulgo enanismo) y la propia deriva de la sociedad, ya de por sí poco propicia a la promoción de todo lo que tenga que ver con el mundo del toro. Algo de eso hay, sin duda, en la decisión de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales (Ciudadanos) de obstaculizar la celebración de estos festejos en la región, disparando la tendencia a rasgarse las vestiduras del personal, hasta el punto de tensionar las relaciones de un Gobierno saludablemente estable por un tema absolutamente menor.

En realidad, la mencionada Consejería no ha prohibido nada, limitándose a advertir por carta a los organizadores de la posible vulneración de la vigente ley para personas con discapacidad (art. 84) y sus posibles repercusiones, como así vienen reclamándole desde hace años las asociaciones implicadas. Sin embargo, lo que debería quedar en una cuestión sobre todo legal (con sus argumentos a favor y en contra, y una resolución fundada que resuelva la controversia) ha pasado a convertirse en otra batalla más de ese nivel político ciertamente bajo donde Macarena Olona destaca en su papel de martillo de progres representada en la consejera Rocío Ruiz, rematada por el todopoderoso Bendodo autorizando expresamente en Constantina lo mismo que no se pudo celebrar en Baza.

Como aficionado a la fiesta, me apena la desaparición de cualquier espectáculo relacionado con los ancestrales juegos con el toro, ya sea en las verbenas populares o, como es el caso, en su vertiente cómica. Pero más temo a ciertas actitudes que, aunque sea con la mejor intención, llevan el debate más lejos de lo razonable, perdiendo el tiempo en defender causas que, lamentablemente, son difícilmente defendibles en la sociedad de hoy.

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