Por méritos propios Berlín es uno de los destinos preferenciales del turismo europeo. No le faltan, desde luego, lugares para impresionar al turista que dedica un fin de semana o un puente largo a visitar la capital alemana; desde la Puerta de Brandeburgo a la Alexanderplatz pasando por el impresionante Museo de Pérgamo o el cinematográfico "Checkpoint Charlie". Con todo y a pesar del gran interés de esos parajes, la atracción más visitada, fotografiada e incluso palpada de Berlín son los restos de su famoso Muro el "Berliner Mauer". Tras la derrota del régimen nazi, los aliados se repartieron el control de Alemania y trocearon Berlín. La parte occidental de la antigua capital quedó así como una especie de islote democrático en medio de un inmenso mar comunista. El trozo de 200 metros junto a la que fuese sede de la GESTAPO que alberga el museo conocido como "Topografía del Terror" y los 1,3 kms de muro repletos de grafitis de la "East Side Gallery" son, además de la línea de adoquines que a modo de cicatriz señalan las dos partes en que artificialmente se dividió Berlín, los únicos vestigios del muro que levantó la RDA en 1961 para cortar la sangría de alemanes orientales que huían al Oeste (2,7 millones entre 1946 y 1961). 45 kms separaban los dos "berlines" y 120kms. aislaban la parte occidental del resto del territorio de la Alemania socialista. La ridícula excusa argüida para levantar el muro fue: "proteger a los habitantes de la RDA de los vicios y depravaciones occidentales". En realidad, el Muro de Berlín fue el símbolo más representativo de la "Guerra Fría", la escenificación de dos visiones políticas contrapuestas: el comunismo y el capitalismo. Un hecho incontestable de este enfrentamiento es que el muro era de sentido único, esto es, con la notable excepción de algunos espías de la CIA o el MI6, siempre eran los alemanes orientales los que querían entrar en Occidente a pesar de las muchas bondades del régimen comunista que tan bien publicitaba la Stasi. Las autoridades de la RDA difundieron la idea de que tan radical separación serviría de: "muro de protección antifascista" (una calificación que, sorprendentemente y tal como se ha podido apreciar en las recientes elecciones españolas sigue siendo la base del mantra argumental de la propaganda de los partidos de izquierda). Aquel muro se desplomó igual que la RDA y su "madre" la URSS, escenificando de esa forma harto aparatosa el fracaso del comunismo. No deja de resultar curioso que ahora, 30 años después, España, ignorando la historia, esté en trance de poder ser gobernada por una coalición entre comunistas y socialistas que tienen como referentes a Venezuela, Bolivia, Cuba o a la mismísima Corea del Norte. El desastre parece estar garantizado.

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