El pasado martes, el Consejo de Ministros aprobó el llamado por ellos mismos, Anteproyecto de Ley de Memoria Democrática. Sin que lo importante sea el calificativo, conviene, para empezar a valorar en la raíz el dislate, señalar que si el de histórico no tiene sentido aplicado a la memoria, mucho menos el de democrático. Si la memoria es la capacidad para recordar lo acaecido en el pasado, lejano o inmediato, entonces sirve para escribir la historia; y si es un relato de lo recordado, entonces es historia por sí misma. Democrático puede ser un modo de proceder, pero no un recuerdo o un relato. La democracia es un sistema para regular la convivencia y es democrático lo que resulta de aplicarlo ajustándose a las leyes que lo regulan.

Pero, como decía, no está en eso el mal, aunque ayude a identificar la escasa preparación de sus autores. Lo inquietante para todos los que deseamos vivir en paz con nosotros mismos, respetar y ser respetados en una sociedad libre de ataduras y de complejos, es el alto contenido del anteproyecto en limitación y control de lo que puede ser pensado. Me resisto a hacer uso de palabras como revanchismo o resentimiento, en sujetos que ni siquiera han cumplido medio siglo de existencia, que han nacido y crecido en una sociedad abierta que jamás conoció un período de bienestar y comprensión como el vivido en las últimas décadas. Pero, la verdad es que es a lo que te invitan algunas de las medidas que pretende poner en vigor el Gobierno.

La pérdida de autoridad del Gobierno de la Segunda República y sus muchas dejaciones, provocaron el final de la democracia y sembraron el caos. Pero no parece valernos la experiencia y se trata de resucitar esos resentimientos, heredados y alimentados por las propias limitaciones, que no dejan a sus portadores superar sus causas y actualizan una y otra vez los prolegómenos que destruyeron la convivencia. El anteproyecto está inspirado en las medidas tomadas en Alemania contra el nazismo, estableciendo paralelismos disparatados y tendenciosos que despiertan fantasías ya superadas y alejan de una reconciliación que se daba por consolidada. Su puesta en vigor supondrá la imposición del silencio, bajo amenaza de comisión de delito, la recreación de una figura jurídica similar a la del Tribunal de Orden Público y la vuelta al sistema educativo de una materia parecida a aquella que se llamó "Formación del Espíritu Nacional".

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