De mejor no tanto

Con la presencia de un astronauta en el Consejo de Ministros los dioses nos anuncian los nuevos tiempos

Estamos en el peor momento del nuevo régimen; es decir, del postfranquismo. Pero hay que confiar en el sistema. Por más que no haya más remedio que reaccionar ante situaciones como ésta en la que se subvierten hasta los mismísimos "palos del sombrajo", que dirían los clásicos, y para las que, por más que te esfuerces, no encuentras una razón que permita relajarse dando con algún atisbo de coherencia. En las sociedades meridionales, los comportamientos son poco previsibles. En éstas las emociones desempeñan un papel momentáneo que a veces es determinante. Tal vez tenga ello que ver en la aparición del actual estado de cosas que nos presenta la política en España.

El capitalismo ha sembrado la idea de que si las grandes cifras de la economía van bien, todo va bien. Es imprescindible que eso ocurra, pero si es sólo eso lo que ocurre, las cosas no van bien, ni mucho menos. La España que deja el Gobierno del Partido Popular no es mejor que la que se encontró, por más que la cortina macroeconómica y el falso positivo de un empleo de mala calidad, engañen a los más cándidos y a los que quieran ser engañados. Nada menos que la vigencia del Estado está cuestionada; ello bastaría para silenciar las trompetas de triunfalismo que suenan como si no fuera posible una España sin Rajoy y su corte de supervivientes. En el mapa político de España es manifiesta la pérdida de espacio para el PP, que han generado los casi tres millones de votos que se han ido a la abstención o a otras formaciones. En Cataluña se consolida el separatismo y en el País Vasco se cuecen las últimas viandas del festival que nos espera. En los hogares de los españoles hay menos recursos, los jóvenes más preparados emigran y los pensionistas se estremecen con lo que les quedará a sus sucesores y, vaya usted a saber, si a los de menos edad de sus mismísimas huestes.

Tras el pasado inmediato en el limbo, con la presencia de un astronauta en el Consejo de Ministros los dioses nos anuncian los nuevos tiempos. Rajoy y sus muchachos han dejado a su Partido hecho unos zorros, aunque seguramente lo sucedido haya servido para propiciar una renovación y limpieza a fondo, absolutamente fundamental para el futuro inmediato de España. Ahora es Ciudadanos el que va camino de convertirse en un donante, después de que las circunstancias nos hayan permitido constatar la inseguridad de sus dirigentes en sus propias convicciones.

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