De manantiales

Ahora resulta que tan costosa inversión, pagada por todos, ha de ser demolida, que nos quedamos sin manantial

Hace unos días se nos dice por el Ayuntamiento de Algeciras, sin apenas sonrojo, que sin las captaciones de la Garganta del Capitán, no está garantizado el suministro de agua a 25.000 algecireños. Supongo que entre los múltiples quehaceres municipales, se tendrá por prioritario resolver este entuerto que afecta al mas esencial de los servicios que presta esta Administración.

Resulta la Junta de Andalucía, gestor del dominio público hídráulico, entendió que la concesión del manantial a favor del municipio había caducado, y que además, concurrían obras no autorizadas, filtraciones no corregidas, e inexistencia de limitador del caudal permitido. Todo ello causaba impacto ambiental, según la Junta.

Parece que hay negociaciones para resolver la cuestión. Ojalá prosperen, y no solo por garantizar el suministro de tan básico bien, sino también para paliar, algo al menos, el ruinoso negocio que ha resultado la semiprivatización del servicio de agua. Así, el socio privado gestor de Emalgesa, ante el evidente beneficio que le proporcionaba tal manantial del que se surtía a coste cero, y que nos vendía a los ciudadanos al mismo coste que si comprara agua de pantano a Mancomunidad, realizó una serie de obras millonarias para establecer las redes de suministro desde el mismo, y no centró su política de inversiones en la deficiente red urbana. Tal obra de conexión con el manantial, la pagamos los ciudadanos a la empresa privada con el llamado canon de mejora municipal que aparece en nuestra factura, y ello con sus correspondiente intereses remuneratorios. En el presupuesto de Emalgesa pueden cotejar las ingentes cantidades.

Ahora resulta que tan costosa inversión, pagada por todos, ha de ser demolida, que nos quedamos sin manantial, y que nadie previó que ello pudiera suceder, con la grave afectación al suministro, y al precio del agua.

De tal manantial se servía Emalgesa sin el que el Ayuntamiento nada cobrara por ello según el criterio municipal, conforme al pliego que tan desacertadamente, en 1994 se aprobó al concesionario el servicio. Se ofreció a una empresa semi-privada, ese bien municipal, a coste cero, cual bíblico maná. Ello se cuantifica en varios millones de euros que el Ayuntamiento no ha cobrado, pero que Emalgesa si, al ciudadano. A todo ello se une la ingente cantidad anual que recibe el socio privado por su gestión y la falta de control de las obras que realiza el mismo para Emalgesa, a su coste y sin concurso. En fin, no todo está tan claro como el agua.

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