Las dos orillas

Las líneas rojas se rompen

Pactar con Vox en Castillay León tiene un coste parael PP, que lo ha criticado como un partido inútil

El pacto de Castilla y León ha roto la última línea roja que quedaba: la entrada de Vox en un Gobierno autonómico. A pesar de que Vox es un partido que defiende una España centralista, y es contrario a las autonomías. Este pacto daría para un ensayo, más que para un artículo, y tiene repercusiones insospechadas. Es muy importante, no sólo para Castilla y León, donde se aplicará, sino también para Andalucía, para España y para la Humanidad. Desde un punto de vista estrictamente político, es la consumación de la estupidez que cometió Alfonso Fernández Mañueco, inducido por Pablo Casado (que ahora se lava las manos con cinismo), forzando unas elecciones innecesarias, para pasar de gobernar con Ciudadanos a Vox. Es decir, todo viene de una pifia del PP.

Tendrá consecuencias para Andalucía. A Juanma Moreno le puede perjudicar. Aunque hay que ver lo que ocurre en Mañuecolandia. Vox se podría blanquear si pierde su perfil extremista en asuntos como la inmigración y los refugiados, las autonomías (de las que ya cobra sueldos), la igualdad de género y otros populismos a lo Marine Le Pen. De hecho, el acuerdo está blanqueado, y no incluye paridas irrealizables. Pero integrar a Vox tiene un coste para el PP, que lo ha criticado como un partido inútil y prescindible. Ya se pierde la utilidad del voto del centro derecha, y a ver cómo lo explican. Aunque, en las coaliciones, el pez grande se suele comer al pequeño; o eso le pasó a Ciudadanos y le está pasando a Podemos.

Tendrá consecuencias para España, porque una suma de PP y Vox puede dar mayoría absoluta. Pero también puede pasar que al entrar Vox en un Gobierno, pierda el PP votos y sumen menos. Y también los puede perder Vox si se descafeína. Al apoltronarse, ya no atraerían a tantos indignados. Para Feijóo, que gobierna Galicia en solitario, es una incomodidad, y le obligará a hacer encajes de bolillos. Ciertamente, Pablo Casado, con sus torpezas, se lo ha puesto difícil. Y encima disimula.

También tiene repercusión para el futuro de las líneas rojas. El PSOE ha pactado con Unidas Podemos, con los independentistas de ERC y con los proetarras de Bildu, entre otros. El PSOE pacta con todos, sin mirar sus ideales, sólo sus intereses. Eso le resta legitimidad para trazar líneas rojas a los demás. Pero, al saltárselas, el PP pierde argumentos para criticárselo al PSOE. Y esto ha sucedido porque el PSOE y el PP son incapaces de ponerse acuerdo en los asuntos de Estado, frustrando así las expectativas de las mayorías, y abriendo las puertas a los populismos.

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