En tránsito

Al otro lado del espejo

Estamos cruzando el umbral que nos lleva al otro lado de la realidad. O dicho de otro modo, hacia el otro lado del espejo

Leo que una parcela en un lugar llamado Decentraland se vendió la semana pasada por la bonita cantidad de 2.430.000 dólares. La cosa no tendría nada de particular -eso es lo que se paga por un piso normalito en Manhattan- si no fuera porque Decentraland es un hermoso lugar, lleno de árboles y lagos, que tiene la curiosa particularidad de que no existe. O sí existe, sólo que existe en ese universo paralelo, o en esa realidad únicamente virtual, que han creado los informáticos de Facebook y que ahora conocemos como Metaverso. En realidad, el comprador no pagó esa parcela en dólares sino en mana, que es la criptomoneda que se usa en Decentraland. Por si les interesa, un mana valía la semana pasada cuatro dólares. Quizá ahora ya valga más, porque se ha extendido la furia compradora entre los inversores y muchos se pelean por comprar propiedades en Metaverso, ese lugar que no existe. O que sí existe. ¿Hay algo más real que Instagram o Facebook o Twitter, esos lugares que no existen pero en los que discurre buena parte de nuestra vida?

En cualquier caso, está claro que estamos cruzando el umbral que nos lleva hacia el otro lado de la realidad. Sin que nos demos cuenta, estamos repitiendo los mismos pasos que llevaron a la Alicia de Lewis Carroll al otro lado del espejo, allá donde todo era igual y al mismo tiempo todo era inexplicablemente distinto. Cada vez es más fácil conocer a gente que vive en un Metaverso particular en el que todas las cosas que existen son como ellos han decidido que sean y no como son en realidad. En su mundo sólo existen los Decentraland y los mana y los hermosos bosques y lagunas que se venden por dos millones de dólares aunque nadie pueda decir dónde están. Los simpáticos antivacunas, por ejemplo. O esos militantes de la izquierda infantiloide, por ejemplo, que nacieron en 1978 y que te quieren explicar cómo fue la Transición, a ti que tenías 20 años entonces, y cuando tú les dices que las cosas no fueron como ellos te cuentan, entonces se te ponen muy gallitos y te preguntan quién eres tú para contradecirles a ellos, que sí saben lo que tú por supuesto ignoras. O esas cadenas de televisión -públicas y privadas- en las que nada de lo que se dice tiene la menor relación con lo que vemos en la calle. Todo es puro Metaverso, sí. Por cierto, vendo casa en una hermosa isla tropical llamada Fakeland.

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