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Al sur del sur

Javier Chaparro

jchaparro@grupojoly.com

La jauría

La mugre que impregna la barra de taberna de las redes sociales ha contagiado las tertulias de algunas emisoras y una minoría de periódicos

Lo confieso, si sirve como acto de contrición. Alguna de estas mañanas de arresto domiciliario, ojeroso y sin saber exactamente si había amanecido, he acudido ante el espejo y me he declarado culpable. Hace dos meses observaba el coronavirus como un fenómeno lejano e intuía que se trataba de un mal pasajero para el que más pronto que tarde se hallaría una vacuna. Los referentes en esos momentos eran la Gripe A y el SARS (síndrome respiratorio agudo grave), que pasaron fugazmente por nuestro país aunque también fueron declarados como pandemias. La ciudad china de Wuhan quedaba muy distante y, aunque ya había contagiados en Milán, la sensación era que los virus no alcanzarían estas tierras de vientos de levante y poniente. Madrid se ofrecía a acoger el Mobile World Congress suspendido en Barcelona, el 8 de marzo se celebró el Día de la Mujer y también el congreso de Vox en Madrid, los cofrades y los alcades se resistían a una Semana Santa sin pasos…

¿Que el Gobierno improvisa sus planes? Naturalmente. ¿Que en su carrera para frenar la pandemia ha cometido y cometerá equivocaciones? Todos los días, estoy seguro, porque aquel que está obligado a tomar decisiones urgentes tiene un amplio margen de error. Y también se ha equivocado por imprevisión, falta de agilidad, descoordinación y escasa claridad en los mensajes. Al igual que otros ejecutivos, en España y fuera de nuestras fronteras. La Junta de Andalucía, con otros partidos a su frente, ha comenzado ahora -¡al fin!- a hacer test a los médicos, enfermeros y otros trabajadores de hospitales y centros de salud tras haber repartido entre ellos decenas de miles de mascarillas defectuosas, entiendo que compradas a la carrera y con buena fe al primer proveedor que las podía ofertar.

Contemplo las miradas de los responsables de la gestión de esta pandemia y me solidarizo con ellos porque los imagino preguntándose si no habrían podido hacerlo mejor, cómo podrían haber evitado los 25.000 muertos que llevamos contabilizados. No es ni mucho menos una disculpa porque ya habrá tiempo de analizar todo lo hecho, para pedir responsabilidades políticas, para tomar nota de la experiencia y corregir situaciones análogas que pueden darse en el futuro, que vendrán. Simplemente, estoy cansado del chapapote en el que una jauría pretende meternos a todos, haciendo de la mentira, el odio y el insulto un sustrato vital ponzoñoso. La mugre que impregna la barra de taberna de las redes sociales ha contagiado las tertulias de algunas emisoras de radio y los titulares retorcidos de una minoría de periódicos como pocas veces hemos observado.

En situaciones como la presente es cuando hay que dar la talla, se esté en el Gobierno o en la oposición. Y por eso es preciso aplaudir la actitud constructiva de PSOE y Unidas Podemos en Andalucía, respecto a la actuación del Gobierno andaluz, o la de José Ignacio Landaluce, en Algeciras, quien ha tendido la mano a los socialistas -como primer partido de la oposición en el Ayuntamiento- para pensar juntos en cómo poder sacar a tantos ciudadanos caídos en el pozo de la noche a la mañana. Ese es el camino.

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