Cuaderno de campaña

Los humores de Hipócrates

El sondeo del CIS que da la mayoría absolutísima a Rajoy no es resultado de la estadística, sino augurio de un voto masivo de expulsión.

LOS expertos dicen: se puede votar con las tripas o con el corazón. Rara vez con la cabeza. Al menos, en España. Si tal regla fuera cierta -esperemos que admita excepciones- parece evidente que el sentir que detectan las encuestas (las urnas confirmarán o desmentirán la mayor) es algo así como una pulsión interior procedente del bajo vientre. Uno de los órganos de los cuatro humores de Hipócrates. De la víscera favorita de los poetas no van a encontrar ni rastro en las vísperas de los comicios del 20-N por mucho que algunos, ante las evidencias, ya se conformen con cantar ojalá por no quedarse en silencio, que sería lo más lírico. Afortunadamente en esta campaña ya nadie repite el lugar común del síndrome Obama. De eso nos hemos librado. La frase está demasiado gastada. Usarla es caer en el más absoluto de los ridículos. La temida marea azul avanza ya por doquier. Rubalcaba: No, you can't.

El sondeo del CIS -que siempre es el del Gobierno de turno; y todavía es el socialista- no deja mucho lugar a las dudas. El vuelco ya no es vuelco, sino un derrumbe similar al de las murallas de Jericó. Pese a lo que sostiene la biblia, los míticos muros de la ciudad de las palmeras no cayeron por el clamor de las trompetas de los hijos de Yahvé. Se vinieron abajo antes. Cuando los israelitas llegaron, todo estaba consumado. Una derrota tácita, sin esfuerzo, es la victoria más cómoda. El PSOE no va a perder la Moncloa dentro de dos semanas: empezó a cederla aquel día en que Zapatero, en el Congreso, se rompió la cadera al tratar de girarla en dirección opuesta al sentido de su propia marcha. Todos pudimos verlo por televisión.

Desde entonces, los senderos conducen al Monte Calvario. El PSOE está hundido en una piscina de bilis negra. Abatido, somnoliento, depresivo. Su mal reside en el bazo: donde se custodia el sistema inmune y se destruyen las células rojas para mantener las reservas de sangre. En el PP el asunto es otro. De pulmón: Rajoy se ha vuelto flemático, impasible, seguro. Los votantes, destrozados por la crisis, prefieren morir matando. Zapatero se recluirá en León, donde ya tiene un predio apalabrado. A tiro sólo queda Rubalcaba.

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