CRÓNICA DE UNA COMARCA

Juan José González

La hora del puerto

ESTABA cantado que así ocurriría, por la tendencia al alza que ha ido mostrando desde el mes de enero, pero ha sido la estadística de octubre la que ha terminado por confirmar la recuperación del puerto de Algeciras, que en lo que va de año ha superado ya, con 2.829.571 contenedores, el tráfico que registró en todo 2010.

En medio de tantas noticias desalentadoras que anuncian empresas en situación de crisis, presentaciones de Expedientes de Regulación de Empleo, impago de nóminas, incesante incremento del paro, aumento de la pobreza, etc., qué duda cabe que el progresivo repunte que experimenta ahora el puerto algecireño se asemeja a un gran oasis de esperanza en mitad de un desierto de desilusión por el que vagamos perdidos desde hace ya algunos años, y además lo es por dos razones fundamentales: por la importancia que ya de por sí tiene la actividad portuaria en la economía campogibraltareña y porque además se da la circunstancia de que el pasado mes fue el de mayor volumen de tráfico de toda la historia del puerto.

Bien es cierto que esta reactivación puede resultar un tanto ficticia pues en ella está teniendo mucho que ver un factor coyuntural, como es el cierre patronal que soporta Tánger-Med, el gran competidor del puerto de Algeciras al otro lado del Estrecho, debido a los conflictos laborales que han planteado los estibadores, y es precisamente aquí donde quiero remarcar un hecho: de la misma forma que en estos momentos la huelga en el vecino país está teniendo una incidencia, en este caso positiva, en la comarca -lo que, al menos que yo sepa, es la primera vez que sucede-, cuando se producen parones en las instalaciones algecireñas se provoca el efecto contrario.

Por eso comparto la opinión del presidente de la APBA, Manuel Morón, de que precisamente ahora que las tornas se han cambiado, quizás sea el momento de aprovechar el subidón del puerto y las horas bajas de su principal competidor para plantear acuerdos laborales de larga duración en Algeciras y la firma de la paz social para hacerlo más competitivo y, quién sabe, para incluso, como él mismo vaticina, empezar a pensar en futuras ampliaciones.

A lo mejor en el futuro no gozamos de una ocasión ni de unas circunstancias tan claras como la que en la actualidad tenemos delante de nuestros ojos para, en primer lugar, darnos cuenta del daño que se causa al puerto cada vez que surge un conflicto que acaba en pérdidas de horas de trabajo y, en consecuencia, de producción y, en segundo término, para recapacitar y negociar los acuerdos necesarios entre todas las partes para avanzar en el camino que lleva a la competitividad.

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