Cateto a babor

Los hombres petardo

Lo más sublime era una que alternaba los fuegos artificiales del tubo de escape con canciones de Camela

No sé si alguna vez os habéis cruzado con alguno. Son los conductores de esos coches y motos que van por las avenidas de las ciudades como lanzando pedorretas por sus tubos de escape. A mí siempre me han llamado mucho la atención este tipo de exhibicinismo ruidoso. Es como si alguien fuera gritando por la calle: "Miradme, aquí estoy yo" pero en versión vehículo rodado. En los grandes premios de motos es muy habitual encontrarlos, pero me interesa más la versión libre, la de esos conductores que un día de diario, después de desayunar, deciden pasearse por la ciudad con su coche haciendo pedorretas.

Los he visto en dos versiones. Por un lado está la versión cartera semigorda que se caracteriza porque son coches de gran cilindrada, vistosos de por si y después está la versión "a dos velas" constituida por vehículos que pasaron su última ITV cuando gobernaba Julio Cesar en Roma y que parecen, con tanto trajín, que se van a romper en pedazos en cualquier momento. Curiosamente he visto muchos más hombres petardo, que mujeres petarda. No me preguntes la causa, que eso lo dejo para un estudio de la Universidad de Wisconsin, que es muy de ese tipo de investigaciones.

En ambos casos, tanto en los vehículos de cartera semigorda como en los cercanos al desguace, el hombre petardo suele lucir gafas de sol, aunque esté nublao y llevan una cara de felicidad como de haberse comida medio kilo de pijotas fritas.El hombre petardo se sulibella especialmente en los semáforos y cuando se ponen en verde lanzan una pedorreta de honor para dar más fuerza a su espectáculo. Reconozco que hay muchas personas que me llaman la atención en el mundo: los que tocan la tuba, esa trompeta gigante que siempre va al final de las bandas de música, los que se hacen pircings en los labios y son, a la vez, aficionados a los fideos con gambas y los hombres petardo.

En ambos casos los coches siempre suelen ir perfectamente escamondaos, como si su dueño supiera que en ellos se van a fijar todas las miradas. Casi siempre habita en ellos una sola persona…no sé si será porque quieren disfrutarlo en solitario…o porque no hay quien lo aguante. Lo más sublime que he visto en este apasionante mundillo de estos coches era una que alternaba los fuegos artificiales del tubo de escape con canciones de Camela. Ese día comprendí lo que es la armonía.

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