Ésta es ya otra historia

En situaciones de alta abstención, como la de los comicios andaluces, las encuestas pierden fiabilidad

Cuando suceden cosas inesperadas -el comportamiento humano es, en buen grado, imprevisible- pienso en la controversia filosófica determinismo-indeterminismo. Se diría que el proceso que conduce a los colectivos a una decisión colegiada, no es determinable a priori: es indeterminista. Un ejemplo lo dan los comicios del pasado domingo. Si las encuestas están bien hechas y no es un irresponsable el que las diseña o dirige, se acercarán mucho al resultado; pero hacerlas bien es caro y los irresponsables abundan, sobre todo en medios propicios al ascenso de profesionales de medio tapón, decididamente cortos de inteligencia o resueltamente corruptos.

Obviamente, la fiabilidad de una encuesta política depende de la veracidad de la respuesta que den los encuestados; y los españoles nos resistimos a revelar nuestro verdadero parecer sobre asuntos de esa naturaleza. Vox apenas si asomaba en las encuestas, simplemente porque pocos dirían que iban a votar a Vox o que lo habían votado, aunque lo hicieran. La previsión tenía, necesariamente, que ser inferior al desenlace. No era de suponer que hubiera tanta diferencia, pero la elevada abstención se encargaría de distorsionar por completo el dictado del sondeo.

En situaciones de alta abstención, como la dada el 2-D, los sondeos pierden fiabilidad. Por otra parte, piénsese que un partido que obtenga un porcentaje alto de votos, por ejemplo, el 40%, con una abstención de, digamos, el 45%, recibe realmente el respaldo del 22% (0,4x0,55=0,22) del electorado. No obstante ser cierto que la hartura del personal con tanto y tan malo, daba para que se castigara a los partidos tradicionales, sobre todo al que ocupaba el sitial. Los dislates de algunos dirigentes de los bastiones más a la izquierda han desplazado las preferencias de bastantes votantes hacia opciones más centradas, como Ciudadanos. Los socialistas, tras pactar con el separatismo y el terrorismo, debieran callar ante cualquier aproximación del PP o de Cs hacia Vox, que es un partido perfectamente constitucional y absolutamente homologable con las opciones democráticas. Proponerse cambiar algunos supuestos de la Constitución es una actitud democrática. No lo es, sin embargo, agredir a sus símbolos e ignorar su contenido, como han hecho y hacen los nacionalistas vascos y catalanes, cómplices necesarios de la izquierda para sostener al PSOE en el Gobierno de España.

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