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La guerra de broma

No estamos capacitados para enfrentarnos a una crisis que ponga patas arriba el mundo sólido y seguro en el que vivimos

Entre septiembre de 1939 y mayo de 1940, Europa occidental vivió lo que se llamó la guerra de broma (la drôle de guerre en francés, o the phoney war en inglés). Francia e Inglaterra estaban oficialmente en guerra con Alemania, sí, pero la guerra discurría muy lejos de allí -en Polonia y en otros lugares del Este de Europa-, así que la gente vivía un periodo de relativa calma, haciendo vida normal, aunque las cosas no fueran en absoluto normales. Los cines y los cafés estaban abarrotados y todo el mundo quería vivir la vida a tope -amoríos, bailes, aventuras-, pensando que en cualquier momento se iba a acabar la guerra de broma e iba a empezar la guerra de verdad. Y así fue: en mayo de 1940, las divisiones alemanas arrasaron Holanda y Bélgica y en un mes conquistaron Francia. El gran Chaves Nogales -que entonces vivía exiliado en Francia- lo contó en uno de sus mejores libros: La agonía de Francia.

Es posible que estemos viviendo ahora en la Europa del sur-especialmente en España e Italia- una fase muy parecida a la guerra de broma de 1939. Por supuesto que lo que hemos vivido desde febrero no ha tenido nada de broma -y más si pensamos en los 26.000 muertos y en los miles de contagiados que lo han pasado muy mal en las UCI, aparte del sacrificio titánico de los sanitarios-, pero quizá no nos damos cuenta de que lo que aún está por llegar. Lo digo porque las previsiones económicas son propias de una economía devastada. Se habla de caídas del PIB de entre un 9% y un 15%, y eso es algo que no se había visto en Europa ni siquiera en los tiempos de la Depresión del 29. Si estas previsiones se hacen reales a partir del otoño próximo -y por desgracia, todo indica que va a ser así-, lo que hemos vivido en los meses de confinamiento será una simple broma. Lo gordo llegará a partir del otoño.

A pesar de que el espíritu de nuestro tiempo que dirige nuestra vida mental nos quiere hacer creer que vivimos en un mundo apocalíptico destruido por la desigualdad y el desastre ecológico, no estamos capacitados para enfrentarnos a una crisis de verdad que ponga patas arriba el mundo sólido y seguro -aunque imperfecto- en el que habíamos vivido hasta ahora. Y muy pronto echaremos de menos esta guerra de broma del confinamiento en la que estábamos todos encerrados en casa viendo series de Netflix y chateando aburridos por Whatsapp.

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