La fuerza de la leyenda

Tras haber pernoctado en Padrón (localidad célebre por sus sabrosos pimientos picantes), el caminante que transita por el Camino Portugués afronta la última etapa de su viaje, la que culminará en la catedral de Santiago. Al final del pueblo, junto al puente del Carmen sobre el rio Sar, se encuentra con la iglesia de Santiago. La actual es de estilo neoclásico, aunque en su interior se pueden ver restos de edificaciones más antiguas ya que fue en el año 1133 cuando el arzobispo Gelmírez mandó construir un templo en aquel lugar en razón de una especialísima circunstancia: hallarse allí el poste de piedra que, según la leyenda, sirvió de amarre a la barca en que los discípulos de Santiago, Teodoro y Atanasio, trasladaron a España los restos del Apóstol que había muerto martirizado en Jerusalén.

Al poco de la muerte de Cristo, Santiago fue el encargado entre los apóstoles de predicar el evangelio en Hispania. Cruzó el Mediterráneo, pasó las Columnas de Hércules y tras bordear la Bética y las deshabitadas costas de la Lusitania, desembarcó en Gallaecia para empezar por allí su labor evangelizadora. Fue al volver a Jerusalén para ver a la Virgen María cuando para contentar a los judíos, Agripa, nieto de Herodes, le hizo aprehender y decapitar. El barco fúnebre trasladó el cuerpo de Santiago desde Jaffa hasta los alrededores de la Iria Flavia romana donde utilizó para su atraque una antigua ara de piedra dedicada por sus habitantes a Neptuno dios del mar: "el Pedrón". Esa misma piedra -cristianizada por la talla de una cruz en su cara superior- la encuentra hoy el peregrino bajo el altar mayor de esta modesta iglesia. En esta jornada el viajero, reproducirá, en cierta forma, el itinerario de los enterradores del apóstol ya que, de acuerdo a la leyenda, la catedral de Santiago se levantó sobre el sitio en que, a principios del siglo IX, unas luces señalaron a un ermitaño el lugar de un sepulcro en el que tras la exhumación ordenada por el obispo Teodomiro, se encontró un cuerpo decapitado con la cabeza bajo el brazo.

El rey de Asturias, Alfonso II el Casto (no gustaba de mujeres y no llegó a consumar su matrimonio con la princesa franca Berta, hermana de Carlomagno), ordenó construir una iglesia encima del cementerio y estableció una peregrinación para venerar los restos del Apóstol Santiago, pudiéndose considerar a este rey como el fundador de Santiago de Compostela y por añadidura del famoso Camino que año tras año (en 2018 ya van 300.000) completan peregrinos de todo el mundo en post de una vivencia espiritual tan necesaria en estos tiempos convulsos. Alfonso II fue el primero de ellos.

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