EUROPA SUR En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

En diciembre del pasado año, durante la presentación del Informe FOESSA sobre Andalucía, que es el mapa detallado de la pobreza en nuestra Comunidad, escuchábamos preocupados a Raúl Flores, coordinador de estudios sociales de Cáritas y uno de los responsables del estudio. Creíamos, pobres de nosotros, los voluntarios de las distintas asociaciones solidarias que allí estábamos, que vivíamos tiempos difíciles. Habían disminuido considerablemente las subvenciones oficiales y debido quizás a la falsa percepción de que había acabado la crisis económica, habían bajado también los donativos particulares. En la pantalla fueron desfilando los datos del millón y medio de andaluces que vivían en exclusión, aproximadamente un 18,6 % de la población. De ellos, 700.000 vivían en un grado severo de pobreza y 300.000 se encontraban totalmente descartados. Para colmo, las prestaciones sociales en Andalucía estaban un 20 % por debajo de la media del resto del Estado.

Para que comprendiéramos mejor los conceptos que se estaban barajando, el presentador utilizó una figura gráfica. La distribución de la riqueza era comparable a un edificio de pisos, en el que los ricos vivían en los pisos superiores, distribuyéndose desde los potentados que habitaban el ático, a las clases medias que ocupaban hasta la primera planta. Había también un entresuelo, una planta baja y un sótano. En el entresuelo vivían los que llegan con dificultades, a fin de mes; en la planta baja, los que están siempre a la cuarta pregunta y en el sótano los que no tienen absolutamente nada. El hecho diferencial del edificio es el ascensor. Llega sólo hasta la primera planta. Del entresuelo hasta la primera planta hay una escalera que se puede subir y bajar con una cierta facilidad. Entre la planta baja y el entresuelo hay una escalera escarpada y poco practicable. Donde está la tragedia es en la comunicación entre la planta baja y el sótano, que es una frontera impenetrable. El que entra en el sótano, como en el Infierno de Dante, ya no puede salir de allí.

Dicen que lo que va mal siempre puede ir a peor y en esto llegó el coronavirus. La frontera impenetrable, se ha roto para dejar caer más gente en el sótano. Pero en lo oscuro del túnel en que nos ha precipitado la pandemia, hemos encontrado la luz de la solidaridad de un montón de gente en nuestra Comarca. Con Cáritas, la Cruz Roja, el Banco de Alimentos, los servicios sociales de los Ayuntamientos y diversas asociaciones ciudadanas se está haciendo frente a la crisis, pero faltan medios. Nadie debe quedar marginado en el sótano. Corren malos tiempos y ninguno de nosotros puede asegurar que vivirá siempre en el piso de ahora. Es el momento de echar una mano.

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