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Al sur del sur

Javier Chaparro

jchaparro@grupojoly.com

La espuma

Cada euro destinado a salvar a una persona debería estar consignado en los presupuestos como inversión

Aalgunas de las asociaciones antidroga del Campo de Gibraltar están al borde de la desaparición a causa de las cuantiosas deudas que las diferentes administraciones acumulan con unos colectivos cuya labor permite el desarrollo de programas de prevención contra las adicciones y de tratamiento de las personas afectadas por un mal que, de no tratarse, las condena a la marginación social más absoluta. El pasado miércoles, en el Día Mundial contra las Drogas y coincidiendo con el festivo en Algeciras, los principales representantes de estas asociaciones se concentraron junto a otros ciudadanos tras una pancarta en la Plaza Alta para denunciar el recorte drástico de las mal llamadas ayudas que deben recibir desde las administraciones públicas. Y son mal llamadas "ayudas" porque cada euro destinado a salvar a una persona debería estar consignado en los presupuestos públicos como inversión en vida.

Las deudas del Estado, la Junta de Andalucía y los ayuntamientos con esas asociaciones suman centenares de miles de euros, con pagos pendientes de cobro en algunos casos desde hace una década, forzando a los socios de estas ONG, como es el caso de la Coordinadora Despierta de La Línea, a pagar de su bolsillo las cotizaciones sociales de sus trabajadores. A la Coordinadora Alternativas, la Junta le debe desde 2017 más de 50.000 euros: los programas se conceden, se ejecutan y se justifican debidamente, pero el dinero que debería estar presupuestado desde el inicio del proceso administrativo no llega a su destino.

Como en tantos otros lugares, la aparición de los movimientos contra la droga fue fruto en su día de la conciencia de unos ciudadanos solidarios que no podían permanecer impasibles mientras muchos de sus paisanos caían en el profundo pozo de la droga. En algunos casos dieron el paso adelante movidos por la situación de un familiar cercano enganchado a la heroína, carne de cañón en Botafuegos o enfermo de sida. Las circunstancias son variadas, pero en todas las ocasiones responden a la necesidad de cubrir el déficit de las administraciones, de llegar allí donde estas no alcanzan, a cubrir el vacío dejado por los responsables políticos, más preocupados de la espuma que de los problemas que esta oculta. ¿Qué hubiera sido de esta comarca sin los Pepe Chamizo, los hermanos Miguel Alberto y José Luis Díaz, Paco Mena y tantos otros?

Cada persona que pierde la vida en el mundo de las adicciones, cada empleado de los colectivos antidroga que es despedido de su puesto de trabajo por no poder cobrar la nómina es un ejemplo de nuestro fracaso como sociedad, de nuestra incapacidad para fijar nuestras prioridades.

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