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El mayo francés o Mayo del 68 fue un inesperado "levantamiento" de grupos de estudiantes y obreros contra todo lo establecido. Su epicentro estuvo en Paris y después de un mes de huelgas y disturbios, el presidente De Gaulle se sentó a hablar con los sindicatos y les ofreció las suficientes mejoras para que cesasen las algaradas. Aquel atisbo de revolución que tanto nos encandiló a los jóvenes rebeldes de otros países, se extinguió con la misma rapidez que se concibió y muchos de los lideres que encabezaron las revueltas terminaron formando parte del sistema que tanto habían criticado. Paradójicamente lo único que queda de aquella utopía juvenil son los eslóganes reivindicativos de muros y pancartas que, seis décadas después siguen siendo lemas de cabecera de toda clase de protestas. "Seamos realistas, pidamos lo imposible", "Cuanto más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución" o "Asaltemos los cielos" son algunas de las frases que han perdurado mucho más que la causa para la que fueron escritas y que demuestran que, aunque ingenuos, a los estudiantes franceses no les faltaba imaginación.

Como todos los años, el domingo 8 de marzo se celebraron diversas manifestaciones en conmemoración del "Día Internacional de la Mujer", una fiesta en que tradicionalmente se reivindica una mayor participación de la mujer en la sociedad y su emancipación del hombre que, supuestamente, coarta su desarrollo como persona. Como es natural, las pancartas y carteles son esenciales en este tipo de actos para escenificar las demandas y anhelos de los manifestantes y, al pertenecer estos al reivindicativo colectivo feminista uno esperaría encontrar en ellos una "literatura" al menos tan creativa y sofisticada como la de aquellos estudiantes que en el 68 tomaron Paris. No es el caso puesto que las consignas que exhiben las representantes del colectivo son más propias de chirigotas y charangas que de un pensamiento o ideología política: "Hoy es chocho de marzo"; "El feminismo liberal me aprieta el chocho igual"; "¡Qué te la chupe SIRI!" (por el asistente del IPhone) o "Estimúlame el clítoris, pero no me toques el coño" son algunos de los zafios mensajes que podían leerse en la marcha que orgullosamente encabezaban la vicepresidenta del Gobierno y la Ministra de Igualdad. Podría argüirse (concediéndoles el beneficio de la duda) que tales expresiones son el fruto de la libertad o espontaneidad de sus autoras, pero lo que ya resulta más difícil de justificar es el lema cabecero de la manifestación avalado por la propia ministra: "Sola y borracha, quiero llegar a casa", una suerte de demanda que además de fomentar el alcoholismo aspira a que: "los derechos de la mujer no se pierdan en los callejones oscuros" (¿?). No se Vds., pero a mi entender quizá fuese mejor que las mujeres llegaran a casa sanas, salvas y sobrias en vez de solas, borrachas y, gracias a la manifestación… contagiadas del coronavirus.

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